Dando rienda a la imaginación y vida a la estrategia que nos tiene acostumbrados Esperanza Aguirre, podemos pensar que su solicitud de elecciones anticipadas no ha sido un ataque al presidente sino el sabotaje de la munición del compañero.
Esta semana no estaba siendo buena para Zapatero y Rajoy podría haber aprovechado la ola para consolidarse definitivamente, abriendo la carrera electoral hacia las municipales y autonómicas noqueándolas con una petición anticipada de elecciones. Convirtiéndolas en toda una suerte de referéndum donde el debate político de los asuntos reales se hiciese imposible.
Pero Aguirre le ha roto la jugada, sabía que si Rajoy salía detrás, parte del éxito sería suyo y la cresta de la ola sería para los dos, incluso el mejor sitio sería para ella. Y sino salía, pues perdería un cartucho decisivo. Tan es así que de momento parece que Rajoy se va a conformar con pedir un debate económico.
Otra forma de ver el asunto de la inmigración es el de la propia exigencia moral del autóctono -o el inmigrante acomodado- Que al fin y al cabo, también aspira a tener una moral universalmente valida y unos ideales no demasiado quebrantados.
Dos formas de verlo:
El artículo de Torrés Mora: A quien corresponda. Que nos pone a los españoles ante nuestro pasado inmigrante y a la europeización que supuso para los obreros que fueron y luego volvieron demandando democracia.
El artículo de Arcadi Espada. Que señala la otra cara de la moneda que tiene el exigir el fin de la inmigración. Que no es otra que desear o exigir, que los países pobres sean una suerte de Cuba o dictadura comunista, donde nadie pueda escapar a no ser que sea con el beneplácito del estado. ¿Es ese el orden internacional que esperamos? ¿Estaríamos legitimando esos atropellos?
Visto esto, por lo menos hay tres momentos mentales: Cuando uno mira sus intereses -que según el día será bueno o malo para la inmigración-, cuando uno mira sus miedos y su identidad, y cuando uno se mira al espejo.
Eastwood está infinitamente más dotado para plasmar los claroscuros y bucear en lo sombrío que para hacer apologías de la luz, del triunfo del humanismo a pesar de los pesares. Su arte siempre ha sido penetrante y memorable cuando habla de derrotas y de infiernos.
Como si el claroscurismo fuese la platilla de lo bueno y de lo malo en el cine. Ya saben, esa idea que ahora triunfa y que dice que una buena obra no hace a los buenos tan buenos ni a los malos tan malos. Sino que hay que mezclarlos. Vamos, como si la película hubiera sido mejor si hubiese sacado una tarde de cabreo de Mandela o un encontronazo sangriento en algún rincón olvidado sucedido de forma paralela a la historia.
No entiendo estas críticas. Es más no suelo entender las críticas que se suponen formales. Las de los detalles. O los intelectualismos sobre las estructuras. Eso en todo caso son observaciones de campo o detallismos de café. Esa deliciosa, entrañable, profunda, emotiva, agradable, estimulante o soberbia adjetivación sin sustancia -aristotélica- Las críticas son otra cosa. Una crítica es comenzar un ensayo o una idea a partir de una obra. Para continuar con lo tratado, con sus consecuencias, o para meterse dentro, para ver sus raíces. El claroscurismo sólo es un patrón si se explica de qué se habla. ¿Fue la historia de Mandela claroscura? y por tanto esta biografía es realista o no ¿Es la condición humana claroscura? y por tanto esta película es una buena representación del hombre o no ¿Es necesario a cualquier obra de arte ser claroscura? y por tanto esto es arte o simplemente una hagiografía. ¿Desde dónde habla el crítico? ¿Desde lo histórico, lo moral o lo artístico? O es simplemente un ejemplo de mal periodismo que se permite la confusión de todos los niveles para poder salir del paso.
Una buena crítica de la película hablaría de muchas cosas y poco del claroscurismo. La criticaría o no en función de lo que propone y no de lo que se le supone desde la atalaya. A saber, si habla con acierto del perdón, de la necesidad del mirar hacia delante con pragmatismo olvidando parte del pasado. Si es moral atender a los miedos de los verdugos. Si eso que dice podría servir para el debate en España sobre la memoria histórica o sobre la integración de la inmigración.
Desde luego esta película da para discutir largas horas, muchas más que aquellas sublimes, deliciosas y entrañables.
La próxima versión de callejeros la van a tener que hacer en Génova 13. Que de madrugada tiene que ser casi tan divertida como la Cañada Real. Y quién no dejaría el futuro de su país en manos de los presidentes de vecinos de tan entrañable y prospera comunidad de PIB envidiable. Que tanto se parece además, a una economía desregularizada, a una educación pública inexistente, a una sanidad de ambulancia con retraso y a ley del más fuerte defendida por Esperanza Aguirre.
Pero bueno, lo peor no es la palabra, sino el orden moral que encierra, que no es el de ser sinceros, auténticos tipo Gran Hermano y el aceptar que este mundo es duro, ya saben, como dice esa derecha -y cierta izquierda del commintern- que da lecciones de realismo, sino lo que hay un poco más al fondo: nosotros contra los hijosdeputa, estos son nuestros business, nuestra política. La de joderte. El poder, los partidos y las instituciones visto desde la óptica de un narco cubano. La realpolitik.
El gobierno de Torrejón de Ardoz (PP) ha anunciado que dejará de aplicar sus novedosos métodos de empadronamiento, considerados ilegales por la abogacía del estado. Aunque advierten que seguirán luchando contra el hacinamiento en las viviendas. Esperemos que esto no sea a base de entorpecer el proceso administrativo como se hacía hasta ahora: como exigir que sea el dueño el que tenga que ir a empadronar, exigir papeles de improbable alcance, y un largo etc. que puede poner las cosas tan complicadas como la propia norma tumbada.
Estoy convencido de que en su próximo editorial propagandístico se centrará en el tema. Recordarán que ellos no son xenófobos. Que Zapatero no hace nada contra los ilegales y carga el problema en los municipios, que PSOE e IU no hicieron nada por los españoles ni por los sin papeles y que sólo ellos se preocupan por el españolito pata negra y por el africano.Además tienen capacidad de hacer daño porque mueven mucho dinero en publicidad y curiosamente ocupan casi todo el espacio de los medios locales –ya saben que la prensa local no es prensa, ni siquiera ideologizada, es otra cosa-
Así que a la izquierda torrejonera no le queda otra cosa que coger la delantera. Primero para demostrar que se pueden defender derechos y deberes a la vez –de hecho es la única forma de conseguir los dos- y segundo para seguir denunciando cualquier campaña en la que equiparen inmigración con la caja de pandora.
Yo lo intentaría, diría y propondría así:
Una opción política democrática y más una institución pública, tiene la obligación de ser estricta con la ley, con los derechos y con todas las normas aprobadas que organizan nuestra vida en común. Esa visión estricta va desde guardar la Constitución, aplicar la ley de extranjería, respetar la autonomía municipal y conservar los derechos humanos. Cuantas menos excepciones hagamos en menos trampas caeremos y menos problemas tendremos a la larga. No se puede decir como hacía este Ayuntamiento, que ellos resolvían un problema que la ley de extranjería y las políticas del Gobierno de España no hacían, para defender sus saltos legales. Porque entre otras cosas es absurdo reivindicar un cierto orden social saltándose ese mismo orden. ¿Qué podría decir el Ayuntamiento a un ciudadano que se saltase sus reglas? Desde luego no le podría decir que las reglas han de cumplirse porque están son producto de un estado de derecho y de una democracia asentadas en España; sino que se tendría que conformar diciendo que esas reglas van a misa porque él tiene la autoridad y la fuerza. Algo que puede hacer las delicias de los amantes de los superhéroes, pero que rascado puede tener funestas consecuencias, que cualquier ciudadano puede entender sea o no extranjero, a saber, que un gobierno que legisla arbitrariamente y en función de su fuerza o sus triquiñuelas no va a favorecer nunca el bien común sino simplemente su supervivencia, y además a cualquiera le puede tocar cualquier día ser su víctima si se cruza entre sus intereses, por más derechos que crea tener.
Así, restablecer las normas de empadronamiento no es una cuestión de extranjero sí o extranjero no, sino de legalidad. Y a partir de su cumplimiento el Ayuntamiento puede empezar a hacer política.
Por ejemplo, si el problema es el hacinamiento, el ruido y la inseguridad.
a) No se trata de inventarse una cantidad en metros cuadrados para no empadronar. Porque el hacinamiento va a seguir existiendo, ahora sin registrar. Sino al revés, de registrarlo para controlarlo.
Una posible forma sería tener catalogados todos los pisos del municipio que tengan una diversidad de ocupantes que no estén relacionados directamente. Dividir el problema por barrios, por bloques e incluso por pisos cercanos. Acercarse a recoger la opinión de los vecinos, ver si las condiciones generales se deterioran, hablar con los propios implicados, estudiar si los dueños de los pisos cumplen con la legalidad, si permiten que se realquile o no, buscar propuestas de mejora y en caso de necesidad hacer entrar la ley de mano de la policía. Más un largo etc. de operaciones diseñadas para este fin.
Lo fundamental es que el “Estado” entre en contacto con aquello que está desregulado u olvidado, con el consiguiente peligro de terminar en manos del más fuerte o del miedo. Pero para que el Estado llegue, la situación tiene que estar registrada –el padrón debe ser fiable- y tiene que estar bajo derecho.
b) Si el problema es el ruido o la inseguridad en la calle, igualmente se puede atajar sin necesidad de silenciar administrativamente nada.
Qué a las 3 a.m. hay un tumulto en un barrio haciendo una fiesta o hablando a gritos, pues se puede establecer una normativa municipal que lo prohíba. Se puede hacer una política de policía municipal que ayude con tal fin. Igual que se persigue el material pirotécnico se puede perseguir cierto tipo de concentraciones a altas horas de la madrugada sin tener que lesionar el derecho de reunión.
Qué los trayectos entre las zonas de copas o estas mismas pueden resultar algo inseguras, pues es tan fácil como dotarlo de presencia policial y de comunicación con el ciudadano. Igual que se hace con el recinto ferial donde se organizan las Fiestas. Que en un barrio se detecta cierto número de delitos. Pues lo primero que hay que hacer es ir a hablar con todos los vecinos. Convocando reuniones en un portal, por carta, lo que sea. Por lo general, los que de verdad saben cómo funcionan los bares de trapicheos y los delincuentes son los propios que lo sufren y lo ven a diario. Ellos son buenos informantes y pueden ayudar a coger al delincuente actuando. Y no hacer como hasta ahora, que se espera de ellos que denuncien y se enfrenten a solas al tribunal y al delincuente.
La cuestión es imaginar soluciones –quienes mejor lo pueden hacer son siempre quienes las sufren y la policía- y sobre todo ir a la raíz de los problemas: que es introducir el estado con sus normas y derechos allí donde manda la desidia o el más violento. Algo que es perfectamente compatible con la izquierda y que pone en apuros cierta demagogia de la derecha torrejonera.
Está claro que hay que llamar a las cosas por su nombre. Y más claro aún que la indiferencia o querer vivir siempre en aguas templadas no resuelven los problemas, sino que los acrecienta.
Pero las palabras no son ni el sonido ni la grafía que señalan un objeto concreto o su verdad. Ya saben, forman parte de un sistema de significados, formas, prácticas, etc. Las palabras no son señales sino puntos en universos de sentidos. Que no es que vivan por su cuenta, pero tampoco tienen una correspondencia exacta con la realidad. Por eso el lenguaje natural se presta más a las confusiones y a los conflictos que a la ciencia, que tuvo que buscar su gloria en los lenguajes formales y en expulsar a los filósofos -que tantas palabras usaban- de su reino.
Cuando se critican las prácticas del empadronamiento en Torrejón de Ardoz, no me gusta utilizar demasiado la palabra xenofobia. Y no porque no cumpla con sus características, sino porque utilizarla también implica cosas. Xenofobia también sería una expulsión indiscriminada de todo lo que sea extranjero. Detenciones. Humillaciones institucionalizadas. Persecución social. Violencia. Usarla en exceso sin que los ciudadanos estén dentro del debate ni vean los casos reales y sus implicaciones a largo plazo, puede tener un efecto perverso, a saber, que la xenofobia no parezca tan mala. Que cualquiera acepte ser un racista. Qué bien, no lo va a ir a decir a la tele ni a publicarlo en su facebook, pero que le va a parecer un criterio perfectamente válido para dar su voto.
Lo de Torrejón es una cuestión que no se describe con una única palabra y menos es algo que se arregle con ella. Ni la solución es la palabra xenofobia -para quienes criticamos al ayuntamiento- ni la solución es la palabra inmigración para quienes creen que esta es el origen de todos los males.
Antes decíamos que no había que tener miedo a los tabús, y ahora decimos que tampoco hay que quedarse en los eslóganes hechos con las palabras prohibidas. Ni hay que ser víctimas de lo políticamente correcto, ni presas del lenguaje más reactivo. Nos queda tiempo y mucho para salir de la crisis del paro y ahora más que nunca toca hablar de convivencia. Porque cuando hay escasez -y mal repartida- es cuando más se puede deteriorar.
Siempre es más fácil pedir que trabajar (…) Es más simple delegar que afrontar la responsabilidad
Efecto, acción, reacción. Pierde la inocencia, pierde la paciencia. Lo sustituye por intolerancia. Es el problema en esencia. (…) Gana el sitio la derecha y la ignorancia.
Mientras hacia la carrera allí -y no se sabe cuántas cosas más sin sentido- San Canuto siempre me pareció una tontería y una guarrada. He visto a gente echar la pota en la entrada de la facultad de filosofía sin que fuera un ritual griego de purificación. He visto la parada del tren que sólo le faltaba estar ardiendo, y no exagero, porque a base de inundar el suelo durante horas con el calimocho, aquello era infranqueable. He visto desde T.I. hasta la salida -todo lo largo de la universidad-, como la mierda se acumulaba sin fin en el césped, dejando ver una estampa bastante asquerosa cuando ya todo el mundo se había ido. Incluso un profe mío me contó que un año llegaron a asar sardinas dentro de la facultad porque estaba lloviendo fuera. Y luego alguno se preguntaba porque cerraban esos sagrados espacios públicos a tan floridos visitantes -porque eran turistas del porro, no estudiantes-
Pero lo que siempre me pareció mal del todo es que la gente de la UAM lo aceptase sin más. Los estudiantes, que sólo salíamos en los medios de comunicación ese día, como una masa aborregada ahogada en la niebla de Cantoblanco. Y parecía no importarnos demasiado. Nosotros, los revolucionarios. Pero sobretodo me indignaba -bueno, indignar literariamente, como recurso ya saben, en la realidad no soy tan cursi- que el personal que llevaba allí muchos años viéndolo no dijese nada. La universidad, siempre con los bolsillos pelaos, se permitía hacer de jardín de infancia por un día para una muchedumbre que ni estudiaba ni trabajaba.
Los profesores, que se les suponía críticos e implicados con la realidad -especialmente aquellos que tenían sus chascarrillos contra una inútil clase política- no movían ni un dedo ni decían una palabra un poco más alta -al menos que llegase a la comunidad universitaria- Porque eso simplemente constituiría una molestia en su auténtica y metafísica transformación del mundo desde su despacho.
Molestia porque además suponía tocar uno de los grandes tabús de la UAM. Que era la necesidad de echar mano de la autoridad e incluso de la policía. ¡Imposible en un lugar como aquél! Dónde lo primero que te cuentan nada más llegar en que la disposición de sus pasillos responde a las antiguas necesidades tácticas de los grises franquistas entrando a caballo a por los estudiantes. Y sepan, que contra los tabús, ni los profes más contestatarios se atreven.
Hoy tengo una sensación parecida con el tema del empadronamiento. Y más siendo de Torrejón de Ardoz. Sufro las revistas municipales en silencio. Que son propaganda del PP pura y dura, que en sus columnas de presentación se dedican a atacar a la oposición como antiespañolistas y en sus portadas a hacer de la inmigración el enemigo que les de un sentido narrativo. Pero eso a mucha gente les da igual porque hay conciertos gratis y arte kitsch. Y un enemigo común.
Así que no pasa nada. Nuestro Alcalde seguirá incumpliendo la ley al no empadronar a los inmigrantes. Y seguirá impidiendo que los inmigrantes cumplan con la ley al impedirles su obligación de empadronarse. Le dará igual que en su día Güemes pidiese medio millón de inmigrantes más para Madrid -quizás se los quería llevar a Pozuelo y no a Torrejón-, que Rajoy como ministro aprobase la ley actual, o que su campaña tuviese incluso en el último día folletos escritos en diferentes lenguas. Le dará igual, porque esto le da votos. Es tan triste como eso.
Denunciarlo está bien. Es muy necesario. Hay gente en Torrejón que quiere hacerlo públicamente y lo va a hacer, llevarlo al pleno, etc. Y me parece lo mínimo. Pero no será suficiente para romper con las tabúes que conlleva la inmigración, tanto para los autóctonos como para los extranjeros, que necesitan todos ellos mucha práctica y costumbre para derrumbar finalmente sus falsos ídolos. Todos los roces que hay de un lado y otro, se deben a que no hay ni razones conjuntas ni espacios comunes. Ni siquiera cuando nos intentamos poner más multiculturales lo conseguimos, porque en vez de integrar lo que hacemos es trazar límites: yo no me meto ahí si tú no te metes aquí. Límites que la mayoría de las veces los levantamos sobre la religión y los ponemos bajo el recaudo de líderes que no han salido de ninguna urna, para que sean más difíciles de derribar. Y además nos ponemos a pensar desde una perspectiva irreal, desde un punto de vista grupal. Nosotros los españoles, nosotros los extranjeros. Esos que nunca somos salvo cuando tenemos a los otros en frente.
Autóctonos -que palabra, somos como flora y la fauna- y extranjeros deberíamos aprender, mejor deberíamos tener la obligación, de hacer cosas en común que sirvan para resolver conjuntamente los problemas que adjudicamos a los de enfrente. Si creemos que hay un problema de convivencia, tranquilidad, inseguridad y orden ciudadano -achacado a los inmigrantes- y si creemos que hay una cultura general de discriminación, minusvaloración, desprecio y recorte de derechos -asociado a los españoles- pues podríamos ponernos manos a la obra. Quizás fuese bueno construir en las ciudades un estatuto general de convivencia, con un buen debate previo, donde se recojan desde las normas contra el ruido o hacinamiento hasta el trato respetuoso y amable que se tiene que dar a cualquier paciente en un centro de salud. Posiblemente empezaremos a darnos cuenta de un hecho tan obvio, como que muchos españoles y extranjeros tienen más que ver entré sí, que con otros españoles y extranjeros que contribuyen con su falta de civismo a que generalicemos. Y comenzaremos a no defender sus posturas porque sean de los nuestros. Nos daremos cuenta de que la inseguridad es un problema para los dos por igual, y también que los dos podemos ser igual de incívicos y que necesitamos normas que nos encaucen.
Contra el racismo y contra la inseguridad sólo se va a través de una mezcla. Aunque me temo que terminaremos o separados por barrios como en Inglaterra, o como en Francia, con una clase media viviendo el mejor de los estados del bienestar, tan cómoda y blanditamente, que incluso algunos de ellos asustados votan a la extrema derecha como guardián de sus libertades, y con una clase más oscura, que privada del derecho al estado, termina produciendo algún grupo de jóvenes que piensan que quemar coches es un acto subversivo.
En España seguirán pensando muchos españoles, que ellos que encima que acogen obtienen una mala respuesta cuando ellos inmigraron y se adaptaron, y muchos inmigrantes seguirán pensando que los españoles, que en su día fueron inmigrantes y bien recibidos, ahora se comportan intolerablemente cuando ya no necesitan a los inmigrantes para ganar tanto dinero como antaño. Y quedándonos en eso, en nuestros tabúes, así nos irá.
PS: No todos los profesores y estudiantes eran unos pasotas. Tenía uno, quizás el más inteligente y abstracto de todos, precisamente el más abstracto y puramente formal, que cansado decidió, como me dijo un día meterse a política, es decir a decano.
PS2: Y no estoy hablando de Gabilondo, que ya lo había sido.
PS3: Bueno, no quiero ser pesimista, espero que Torrejón con estos azuzamientos no acabe siendo lo que no es ni ha sido hasta ahora. Confío en que terminemos siendo más inteligentes que los parisinos y que los londinenses. Todo un reto eh.
PS4: El mejor retrato del problema político de la inmigración es sólo un regalo para frikis: la segunda temporada de la serie de Ghost in the Shell. Goda, con su manejo de la acción-reacción es la mejor representación del que será el principal reto de Europa dentro de unos cuantos años.
PS5: Igual que las hipotecas unen matrimonios, el sistema de pensiones nos unirá a todos. Su forma piramidal será el símbolo de necesidad mutua de las diferentes razas. :-)
A estos no les tirarían piedras en el Viña como al mamoncín -que dirían los que más venden en España, Violadores del Verso-
Frente al asunto del control de la distribución de contenidos propietarios en internet -por cierto, todo tiene autor, solo cambia el tipo de derechos-, podemos hacernos dos preguntas:
a) ¿Qué le puede costar más a un gobierno? ¿el enfrentamiento contra un lobby poderoso que puede mover masas, o una masa irritada e irracional?
b) ¿Sirve de algo posicionarse en una de las partes -por razones que tenga- o debería intentarse otra solución?
Desde luego el debate público está en la (a) En el debate más inútil.
Ya saben, SGAE, ministra y toda la gente de la cultura que representan, advierten sobre lo valioso de la cultura y la necesidad de protección y cuidado por parte del estado. Que algo de verdad tiene, porque es difícil encontrar gran arte sin mecenas. Que es una protección que se tiene que llevar además al mercado -vean el doble salto- que es donde está la industria cultural ahora -y hemos de suponer que también la gran cultura- Además es obligación del gobierno proteger la cultura como propiedad individual -triple salto- Y anoten los de la verdadera izquierda ¡Los socialdemócratas construyendo un derecho fundamental a partir de ese falso y burgués derecho de la propiedad¡
La masa internauta -ya saben lectores de Ortega, ese ente amorfo y anónimo como toda masa, sin representación ni representantes posibles- argumenta a través de sus autocristalizados lobbys, primero, que cualquier intervención atenta contra la libertad -llamémosles neoliberales culturales. Ya saben, ¿Quién le ha dicho a usted que quiero que conduzca por mi?- Además como buenos neoliberales un tanto conservadores, hacen crítica a partir de cualquier anécdota que pueda ascender a la categoría de agravio comparativo o discriminación con respecto de su status quo, que si el tiempo de la justicia para unos sí y otros no, que sí un enlace de un enlace de un enlace no es más que un único enlace (bajo cybertransitividad) Qué si el paro. Qué si el hambre en el mundo, son problemas prioritarios. Incluso tienen momentos progres. La cultura es libre y se basa en no ponerle barreras. Una vez puestas, esta muere. Vamos estilo Hobbes de argumentación.
Bien, ni los primeros hablan de Cultura, ni los segundos de Libertad. Y disfrazando sus posiciones, pierden incluso algunos buenos argumentos de los que podrían defender.
Los primeros hablan de propiedad y beneficios. Con tanto derecho, pero con la misma transcendencia, que lo puede hacer cualquier empresario. La mayor parte de lo que hay para descargarse ni invita a la reflexión, ni genera debate, ni refrenda la democracia, ni sirve para crear más cultura o conciencia del mundo. Lo que hay es mayoritariamente entretenimiento. Incluso muchas veces muy cuidado. Pero no es el Santo Grial de las sustancias pensantes.
Los segundos, en verdad, no hablan de derechos, sino de ampararse en los defectos formales de unas malas leyes, para poder hacer en el mundo de las IPs, lo que no pueden hacer en el mundo de los DNIs. Una web con descargas no es un derecho, ni una libertad, es un malabarismo legal como lo es la ingeniería financiera de unos inversores, que un día hacen un ERE y al día siguiente abren una planta de producción en China. Es un neoliberalismo que trabaja a base de los huecos legales. Que no es un delito, ok. Que incluso abre caminos a una nueva distribución, innovación y riqueza, ok. Que tenemos que adorarlo como una vaca sagrada, pues no.
A mí me gustaría que el debate estuviese en otro sitio. Por ejemplo. Como podemos hacer de España una industria cultural puntera. Historia cultural tenemos. Eso es un valor. Público yo diría que también -medio planeta entiende nuestro idioma- Y los clientes potenciales son el mejor valor posible ¿Formación? Nula, el interés por la cultura en la escuela o los institutos se desarrolla tanto como el de las matemáticas. ¿Infraestructura y buena tradición empresarial de la cultura -quitemos los libros-? yo diría que no.
Si invirtiéramos en formación y en infraestructura cultural, con los demás ingredientes, posiblemente tendríamos un camino para ser punteros. Tendríamos un público formado y más creadores, que elevarían el nivel general, y ese nivel más los medios -por ejemplo buenos estudios de cine, buenos distribuidores, mejores equipos de guionistas, etc- harían que tuviésemos un cine de referencia exterior, y consumido internamente.
Esta propuesta debilitaría lobbys como las SGAE, porque el estado haría parte de su papel y la otra parte la harían empresas, aumentaría las ventas en busca de cultura de calidad -que no es una película ripeada ni nada que suene en el spotify- y haría más lógico al ciudadano medio que un gobierno progresista apostase por cerrar webs donde se ofrece cultura gratis a todo el mundo. Además, una industria en crecimiento no estaría demasiado atenta a sí alguien tiene enlazado un mp3 en su blog, un vídeo, o comparte series en el ftp de su grupo de amigos. Posiblemente le bastaría con cerrar los sitios de descarga masivos. Y un estado implicado podría rebajarle los humos a una industria demasiado inquisitiva con quienes tienen menos medios para gastar en cultura -los jóvenes- Incluso esta industria podría tratar de que parte de sus contenidos se distribuyesen libremente en un afán por llegar a más público.
Pero queda mejor hablar de la Cultura o las webs de descargas, como cuestiones de derechos humanos, el fuego y la rueda, terrorismo pirata o insurgencias libertarias.
PS: Crear una cultura de libre uso y distribución, tendría que venir de quienes la crean. Igual que el software libre. Esa sería la otra gran alternativa. Mucho más improbable aún. Por desgracia. Aunque no estaría mal que el estado regulara la forma actual tan abusiva que tienen de apropiarse las empresas de las creaciones de sus contratados, artistas o no.
PS2: Un blogs sin vídeos propietarios pierde todo el color. ¿Es necesario el color? ¿Se podría defender como el derecho de cita?
Al final Aguirre ha acertado rechazando el programa de portátiles para las escuelas del gobierno. Total, si los chavales no pueden bajarse con él, el último disco de chenoa del megaupload, para que quieren la tecnología y la red. Total para que estudian, si las libertades en España se han acabado entre las SGAE y el statut. Mejor que hagan peluquería.
Escribía hoy el Ministro Rubalcaba en El País acerca de la asombrosa y agradable disminución de los muertos en la carretera desde el 2003. Denunciando una falsa premisa:
Y quizá esa absurda especie, nunca demostrada, por indemostrable, según la cual los españoles somos así: poco disciplinados, poco amigos de cumplir las normas y entre ellas el código de circulación.
Es verdad que es fácil y yo soy el primero que lo practico, el echar mano del supuesto espíritu torero y anarquista del español. Pero quizás eso, que puede que tenga su parte de verdad, no debería sostener ningún molino que necesitemos derribar para seguir con una aventura próspera.
Esa premisa, esta indomabilidad nuestra, no debería sostener a su vez otras premisas menos demostrables. Como que la cultura lo puede todo, y que sus cadenas invisibles nos predeterminan mucho más de cualquier decisión individual. Un culturalismo de lo más irracional, que sirve como saco para todo: Si usted no puede explicar un determinado comportamiento humano, ya sabe, es la fuerza de la cultura, es decir, de la idea general, vaga y poco desarrollada -si cabe en una palabra mejor- que tenga usted sobre la cultura en la que se da ese comportamiento.
Del carácter torero pasamos a que en España nunca podrá darse un desarrollo industrial o de la sociedad del conocimiento como se da en otras sociedades europeas o asiáticas. Del anarquismo y la indomabilidad hispánica pasamos a que en España nunca podrá haber un debate político sosegado y racional. Etc. Porque esa es nuestra cultura.
Falacias que se demuestran con esta simplicidad, las normas de circulación vial se endurecen y funciona. Y esto bien lo podría explicar la psicología social: estamos hasta cierto punto predeterminados para aceptar órdenes -mientras no colisionen con otros valores directamente presentes- Ordenes estas, que no chocan con el ideal de vida de la mayoría ni con ningún derecho básico.
Que los españoles no seamos muy productivos -demasiadas horas para poco resultado- no debería achacarse a nuestro carácter fiestero. Sino a las deficiencias organizativas que arrastramos desde siglos -desde que ganar dinero pasaba más por la especulación nobiliaria en vez de por el trabajo bien hecho, fruto de ese matrimonio contranatura que aquí tuvieron el Antiguo Régimen y nuestra naciente burguesía-
Conseguir una mayor productividad no debería pasar por ninguna revolución tecnológica -esa revolución verde que algunos sueñan- sino por redefinir laboralmente a golpe de ley -de normas impuestas- muchos asunciones que hoy pululan por las empresas de nuestro país. Desde un mayor control del horario laboral -de las horas gratis-, pasando por una obligatoria inversión en la formación de los empleados -tan ridícula en España-, llegando a una buena regulación sindical -ese sindicalismo que quiere eliminar Esperanza Aguirre- hasta algo básico, que es que el trabajador no entienda su trabajo como si fuese un maniquí programado, con determinadas funciones y al que no se le puede pedir más. Vamos, su implicación en un proyecto colectivo, formándose más, quizás aceptando algún día eso de la flexi-seguridad, la movilidad, etc. Y no pasándose la vida criticando a los autónomos y a los funcionarios -cuyos papeles también tendrían que redefinirse-
Todo eso se podría legislar. No es cosa de que dos culturas antagónicas la sindical y la patronal hagan un proyecto de mínimos. Es decir, yo no te toco tus privilegios si tu no tocas los míos. Es mucho más. La paz social está muy bien, pero también hay que meter mano en el asunto. O el viaje será más duro, porque nuestro crecimiento será menor que en el anterior ciclo y por tanto nuestras cifras de paro se harán crónicas.
Parece que en Guerra Eterna critican la alianza entre feministas y racistas. Yo que no me llamaría a mi mismo feminista, tengo la convicción de que sólo el feminismo nos salvará del multiculturalismo.
En Europa tenemos una herencia inconsciente con la religión. Luchando en su nombre -esa eterna excusa de los poderosos- se han desangrado estados enteros. Hasta que nos hemos dado una tregua y nos hemos exigido tolerancia religiosa. Cristalizando con el tiempo en una actitud de laissez faire con las religiones. Cosa que han aprendido los poderosos para volver a la carga. En España para seguir legislando desde los púlpitos sin tener que someterse a la crítica política, y pobre del intolerante que se atreva a criticarlos, porque estará atacando las creencias religiosas de millones de españoles. En Europa para que los dirigentes de los diferentes grupos identitarios refuercen su posición interna, consiguiendo logros que estas minorías son incapaces de alcanzar en su vida normal. Aparentes hitos, donde los otros no entrarán a importunarlos, como el control de las mujeres, de la maternidad, del lugar de culto, etc.
A Europa le ha dado igual cual es el nivel de vida de un ciudadano medio perteneciente a una minoría. Porque su tarea política no era mejorar el nivel de vida de esos individuos -emancipándolos de cualquier grupo de identidad, de forma consecuente con la tarea ilustrada- sino el de contentar a los dirigentes -más fanatizados- de esas minorías.
Y ahora nos encontramos con que los suizos votan en contra -no de la libertad religiosa o de la práctica del Islam- sino de la construcción de minaretes. Y nos creemos que eso ha sido un voto del catolicismo reaccionario o de la ultraderecha. Supongo que ellos estaban allí, pero seguramente no eran los únicos. Tengo la convicción de que ahí también votaron ateos y liberales, que llevan en su memoria política la batalla secular contra un antiguo régimen absolutista que se apoyó y fusionó con la Iglesia Católica, y no quiere volver a repetir otro combate y menos que se lo cuelen en nombre de la igualdad, contra una religión joven, con fuerza y que no ha tenido que pelear durante siglos contra filósofos, legisladores, movimientos obreros, ilustrados y demás amigos de la racional y lo razonable.
Además, la sociedad, sus normas públicas y su democracia, debe estar por encima de cualquier cuestión religiosa. No debe imponer que creencias o ritos siguen sus ciudadanos, pero tampoco tiene porque estar callada ante como se manifiestan públicamente las diferentes religiones. Y eso también se ha votado implícitamente.
Ahora los dirigentes musulmanes en Suiza tienen una oportunidad para explicar mejor su religión, su postura y poder ganarse la confianza del resto del país con el que conviven.
Y los dirigentes de la izquierda deberían empezar a entender que todo lo que se lleve la palabra igualdad delante, no tiene porque ser bueno.
PS: ¿Por qué no prohibir también los campanarios? Si usted ha tenido un abusón todo el año en el colegio con el que ha tenido que lidiar ¿Por qué no acepta al chico nuevo de la clase también como abusón? ¿Qué eso sería desigualdad y discriminación?
PS2: Para que esto al final no sea la bandera de la extrema derecha o del catolicismo reaccionario -y de su contra parte musulmana más extremista- los moderados -ateos, musulmanes, cristianos-, los que creen que no sólo de religión está hecho el mundo ni lo público, tendrían que hacer un esfuerzo por identificar el problema y no por identificarse con una de las partes. O al final no hablarán ellos sino los que representan mejor la separación y la confrontación: los fanáticos que existen en todos los grupos.
No deben cobrar lo mismo por concierto que Bisbal o 50c; En mp3 o en youtube no suena ni parecido a como suena un cd original
En España un sistema de metro como en el de algunos países del norte de Europa sería imposible. Sin revisor ni barrera nadie pagaría -quizás empezarían pagando unos pocos, pero ante la posibilidad de convertirse en los más tontos, dejarían pronto de hacerlo-
Nos gusta lo gratis. Y en todo esto de la industria cultural y los internautas -¿Quiénes son esos? jaja ¡Cómo si los internautas fueran una casta aparte!- hay mucha hipocresía.
La misma gente que paga 10€ por cubatazo endulcorado, 15€ por un ratillo de parking en su ciudad, o más de 200.000€ por unos cuantos metros cuadrados recalificados, dice, con sobrado conocimiento económico, gurús, que el modelo de negocio musical está desfasado… con lo fácil que sería decir: lo queremos gratis. Igual de gratis para un productor, que invertir en una peli subvencionada. ¡A los españoles nos gusta lo gratis!
Y es sumamente curiosa esta naturaleza. No queremos impuestos, pero luego estamos ahogados pagando miles de letras, para llenar el vacío de unos buenos servicios públicos. No queremos que se limiten los derechos de los internautas, pero luego consumimos la tecnología de las empresas que colaboran con regímenes totalitarios y asesinos. Queremos crear una industria de la cultura, pero sin que nadie arriesgue dinero que para eso ya está el estado. Curioso.
Pero sobre todo lo que no entiendo es toda esa gente que tiene discos y discos duros de cultura del entretenimiento pirateada y no tiene al menos un par de discos originales de su música preferida o un par de dvds de su peliculón más visto. Y menos entiendo, a todos esos, que hacen siempre la misma música o las mismas pelis, y afirman que la cultura se va a acabar con el P2P. Como si Rachmaninov para hacer su música, hubiese necesitado el incentivo de los discos de platino.
PS: P2P y youtube a veces, fnac otras. Seríamos un poco más europeos.
PS2: Si desconectasen gente por acceder a libros de filosofía online, nadie protestaría por los derechos fundamentales. Tristemente.
Hoy nos recordaba Zapatero, en el acto de Nuevas Energías, la trampa moral que lanza la derecha cuando dice que las ayudas -al paro- producen vagos. Cuando la mayor parte de los parados son personas que saben que la vida no es fácil ni nadie regala nada. Que lo que se tiene es a base de esfuerzo.
Tanto es así, que la mayoría de los parados hasta ahora trabajaban. Muchos llevarán haciéndolo una vida entera. Y si ahora no lo hacen es porque el sistema les ha cerrado muchas puertas y no porque hayan pensado que si viene la crisis es mejor tomarse un año sabático.
Este mito de la derecha es excesivamente tonto y ellos lo saben. No tiene sentido que por un lado digan que se preocupan por los parados en una crítica durísima al gobierno, que acusa de dejar tirados a los españoles, para luego calificarlos de vagos, si pasados 15 minutos no han encontrado otro empleo. Pero aún siendo descabellado es eficaz y rentable.
Este mensaje llega a un grupo de gente mucho mayor que los parados -los que parece que no les preocupan demasiado- Su objetivo es el resto de los asalariados, que son muchos más votos. Introduciéndoles la idea de que cualquier subida de impuestos que les afecte, o la incertidumbre laboral en la que viven, está causada porque los socialistas han decidido subvencionar a los que no trabajan tan duro como ellos. Idea que cala y mucho cuando uno no tiene a personas cercanas en paro o simplemente le produce mucho cansancio pensar, cuando tienen una buena y simple idea reaccionaria a mano que le sirva para criticar cualquier cosa que perjudique su nivel de vida.
Si pensaran se darían cuenta que el paro no produce diletantes. Al contrario, suele ser la riqueza la que hidrata en exceso los cerebros hasta hacerlos un charco. Y ahí muchos ejemplos. Pensemos en los indigentes ¿Cuántos de ellos tienen ideas innovadoras, montan sus empresas y remontan hasta llegar a lo más alto? La ausencia de paro o del cuidado del estado, debería crear en algún porcentaje significativo una legión de hombres hechos a sí mismos. Un porcentaje mayor que la de los parados subvencionados que terminan encontrando empleo. Pero me temo que hay más parados que retoman su vida que vagabundos cumpliendo el sueño americano.
Y también tiene consecuencias esta teoría. Si el dinero que uno no gana tuviese esos efectos perversos, el estado neoliberal, debería tener entre sus primeras medidas legales, la retirada de la tutela de los hijos a todas las familias excesivamente adineradas, por las perversas consecuencias de una vida desahogada. Además, deberían obligar a que cualquier familia expulsase de su hogar a sus hijos a los 18, sin ningún tipo de ayuda ni respaldo. Y sobre todo tendrían la obligación de eliminar las herencias. Todo con tal de construir una gran nación sin vagos.
PS: Igual que es difícil sacar a un indigente de su estilo de vida, porque muchas cosas se han roto a su alrededor, es tremendamente difícil que un país prospere de forma sana si tiene una gran masa de parados viviendo en la exclusión social. Es más fácil que cualquiera de ellos retome una vida digna de trabajo si se le ayuda mientras lo busca.
Leyendo los comentarios veo que no soy el único que ha pensado en Bola de Dragón inmediatamente ¡Los japoneses han moldeado la mente de medio mundo con ese manga!
¿Será esta veneración friki por los maestros ancianos la que nos lleva a elegir a Alberto Oliart para rtve? Además, hemos elegidouna nueva cúpula de la UE llena de venerables. Para que luego se quejen de la juventud de hoy en día.
PS: Hay dos formas de elegir responsables. Una que te asegura que nada cambiará especialmente. Otra que te abre la puentes a las mejoras pero que conlleva el riesgo de perder el control personal -no el institucional si está bien diseñado- La primera es progresista, la segunda es conservadora.
* ¿Primarias? ¿Primarias para los militantes de los partidos? ¿Para los militantes de la izquierda? ¿Para todos los partidos? ¿Para todos los ciudadanos?
* ¿Madrid? ¿Por qué Madrid sólo?
Lo de primarias para Madrid me recuerda en parte al PP neo-liberal libegal, defendiendo la LIBERTAD. Libertad para cuando interesa, casi anarquismo, y para cuando no, conservadurismo de sacristía. Libertad que puede confundir al que sí ama la libertad de verdad -y yo creo que Wyoming o mucho de los que están a favor de esta propuesta la quieren sinceramente-
Yo me creo y defiende las primarias abiertas a toda la ciudadanía. Pero no me lo creo como trampa, sino como proyecto político. Unas primarias que no tienen que ser una ocurrencia populista ni una rabieta del que quiere otra partida de cartas, sino una propuesta insertada dentro de un diseño casi constitucional de ciudadanía activa. Será porque me gusta Tocqueville.
Las primarias tienen varios sentidos. El primero y fundamental y conseguir candidatos de amplios consensos más allá de la postura ideológica del partido al que pertenecen. Porque cualquier ciudadano puede participar en el proceso de su elección. Las primarias son una arquitectura para producir candidatos moderados, que seleccionan en su discurso aspectos conciliables de todo el espectro político. Por eso Obama era un patriota y un reformista al mismo tiempo. Es decir, que si hay políticos o ciudadanos que defienden las primarias, es casi necesario que no sean los mismos que defienden la vuelta a las esencias del pasado puro del partido que nunca existió. A esos auténticos de la ideología. Las primarias son cosas para heterodoxos.
Las primarias tienen que conseguir un equilibrio entre los aparatos y los candidatos. Pero no el equilibrio del que se reparte una tarta o un botín. Es el equilibrio que crea sinergias. Que fuerza que la gente, aunque posicionada a diferentes orillas, tenga que llegar a acuerdos porque las elecciones obligan a ello. Porque un candidato para llegar a la ciudadanía necesita un aparato para su campaña, y eso se consigue o a golpe de talón, o con partido que sepa encauzar la competición. Los caucus americanos no son como las votaciones frikis en facebook, ni las encuestas en programas de tertulianos. Tienen su lógica y sus objetivos.
Quien proponga primarias debería tener pensado quien se puede presentar, cómo, en que tiempos y como será el debate, por ejemplo, quien tenga un 20% de los apoyos de una agrupación o federación, quien demuestre que tiene 5000 firmas de voluntarios para presentarse en una federación -para una comunidad-, si se necesitan hacer dos o tres revistas con todas las propuestas e ideas, el papel de los medios de comunicación, espacios de reunión, las normas del debate, competir en igualdad de condiciones, etc. Yo que sé. Mil medidas - discutibles, experimentales y mejorables- para llegar a este equilibrio.
Todo con el sentido de evitar que un candidato mal elegido de la espalda a su partido, a su programa o elija arbitrariamente a sus colaboradores, etc.
Además las primarias, como las elecciones democráticas, deberían estar legalmente establecidas -no digo que un partido no pueda dar ejemplo previamente- Estas no tienen que ser para tal o cual zona porque ahora nos parezca bien. No. Las primarias deben ser una forma de avanzar en democracia, todos, no una estrategia aparentemente hecha para ganar Madrid, o más bien, internamente lanzada o apoyada para ganar el PSM por dentro.
Este proyecto de avance en democracia debería ser lo suficientemente potente como para ser una propuesta que pase por diferentes estadios y vaya ganando apoyos. Desde dar ejemplo en una agrupación, a ser una proposición ganadora en un congreso -democracia interna, que existe- regional, en otro federal y finalmente en una propuesta legal en todos los niveles de gobierno: municipales, de comunidad, de nación. ¿Estamos defendiendo esto con lo de primarias en Madrid?
Pero esta conexión entre partidos y ciudadanía necesita mucho más que unas primarias. Sin más es simplemente populismo. Necesita a la par una reforma de los partidos políticos, que no sean un fractal de arriba a abajo. Una agrupación no tiene porque tener el mismo sistema de secretarías, ni siquiera tener las propias secretarías, que sí tiene una federación o el partido en su cúspide. En las -buenas- empresas hace tiempo que se rompió con las estructuras piramidales. Sigue habiendo unidad de mando, pero el trabajo es mucho más difuso y temporal, se adapta a las necesidades e imprevistos con muchísima más velocidad y permite -casi exige- la iniciativa del que quiere innovar de una forma razonable. Y sobre todo no permite el anquilosamiento de nadie en ningún puesto, al revés, quien permanece mucho tiempo en un sitio se vuelve sospechoso.
Esta estructura más difusa -un diseño más complejo- tiene que estar hecha para incorporar a la ciudadanía al debate político Todo lo contrario a hacerse fotos para el facebook, o a impulsar una endogamia entre los militantes políticos en las redes sociales. Incorporación que se convertirá casi en una necesidad -circular- para poder realizar primarias. Imposibles sin voluntarios más allá de los militantes de toda la vida –a los que por otro lado creo que se les revalorizaría más allá del sentimentalismo, porque años de primarias se convertirán en años de experiencia y de un conocimiento de la democracia y de cómo llegar a la ciudadanía; ahora muchos tienen experiencia de luchar por la democracia, cosa que no tendremos dentro de 30 años los que hemos vivido siempre en ella; tendremos que tener otro plus, digo yo-
Y estas son unas reflexiones rápidas. Este en un debate fundamental, que necesita mucha argumentación y que no se arregla con una medida que pueda cerrar por un largo tiempo, si se aplica de forma nefasta, la oportunidad de hacer de las primarias una tradición.
Las primarias no son un asunto de si Tomás Gómez sí o no. De si David Lucas sí o no. De lo que me interese a mí para mejorar el PSOE de Torrejón o para posicionarme dentro de él. No. Es el camino para arreglar eso que Vallespín llama la fatiga democrática, y que tarde o temprano dará muchos votos a partidos sin democracia interna ni propuestas más allá del populismo, como UPYD, simplemente porque son algo distinto y la gente se cansa de elegir siempre lo mismo. Innovar o morir.