Diferentes pieles y discursos intercambiables en un mismo espíritu personaje
Estoy dándole un repaso a las ideas políticas del siglo XX -metido en un proyecto friki- y estoy ahora mismo en la lectura de MacIntyre. Ya en su día me pelee con él y decidí ser un liberal rawlsiano, pero ahora estoy encontrando ciertas ideas bajo su comunitarismo que más valdría poner de actualidad.
Denuncia que la ética ha sido abandonada y se ha declarado inservible para las relaciones sociales. Y que su sustitución, ha cambiado lo bueno y lo malo por lo exitoso o lo defectuoso de las psicologías -técnicas- de la persuasión -en el fondo, tratar a los demás como medios y no como fines- en el dominio público.
Con un agravante. Que como sociedad organizada en múltiples grupos hemos ido introduciendo esa moral burocratizada que denunciaba Max Webber, que básicamente consiste en atribuir el valor de nuestras decisiones a su procedencia -su obligatoriedad- de la autoridad -que por cierto, es la ética que otros muchos filósofos han utilizado para explicar la lógica moral y la tranquilidad espiritual del funcionario de los campos de exterminio-
Así, nos hemos convertido en unos cínicos que con gran destreza persuasiva, psicológica, técnica y cultural, nos disputamos las migajas del sistema en una lucha por manipular a los demás buscando nuestro propio beneficio o agrado inmediato, disfrazándolo todo de una pretendida ética universal -es por el bien de todos- que no tiene existencia en ningún sitio ni se encarna en ningún lado.
Creo que se puede hacer reingeniería conceptual de lo dicho por MacIntyre, en favor de una concepción liberal aplicable y prevenida de manipuladores que reintroduzca la ética en la política. Pero ya lo haremos en otro sitio. Ahora me quedo con la parte de verdad que veo en MacIntyre. Y que también creo intuir en nuestra mejor ficción o nuestros mejores momentos reales de cambio político. Que siempre vienen de la mano de personajes que revientan la ética burocrática y el nihilismo de las persuasiones. Que al final también terminan produciendo su propia ortodoxia y burocracia, pero que en ese cambio dejan algo de progreso real en las personas reales de las comunidades de las que forman parte. Desde esos locos honestos de Frank Capra hasta esos hackers del sistema como en Sr. Anderson o Tyler Durden. Los ejemplos reales piénsenlos ustedes. Les aseguro que no nombrarán ninguno que no haya roto alguna vez la burocracia del sistema con una decisión ética, con el riesgo que eso conlleva.
PS: La izquierda -las personas de izquierdas, para ser macIntyrianos- no se puede permitir vivir toda la vida de las rentas de la ética pasada -la de los padres, porque no creemos en que la virtudes se hereden ¿no?- y la tecnología de la persuasión. No vale con hacer oposición mediática, ni con entender las reglas del juego a la perfección. Hay que introducir el elemento ético, unos personajes públicos reales y ejemplares, de referencia, porque la ciudadanía no va a romper con la autoridad de quienes mejor la encarnan por la autoridad de quienes la diluyen con su complejo de culpa por mandar con el añadido de no ofrecer una ética capaz de sustituir el uso de la cadena de mando para la toma de decisiones públicas.
PS2: Aunque siempre lo podemos hacer a la manera de Paquirrín. Tirándonos por un terraplén. O como él, bajando la ventanilla y esperando un buen aterrizaje. Porque al final los burócratas se desgastan, la rueda gira y termina apareciendo nuestro turno, mientras nos tomamos un bodka con naranja y ayudamos un con nuestras palabras al desgaste. Aunque en sitios como Madrid la rueda lleva ya mucho sin dar el giro como para entregarle nuestras plegarias. Tenemos que hacer un esfuerzo en la construcción de esos personajes, sabiendo que no es una operación teatral, sino real.
A cierta izquierda reaccionaria –política y sindical- le interesa confundir la idea de enriquecimiento con la idea de explotación. Hace sospechosa a cualquier persona que gane más que el sueldo de un trabajador medio. Ya sea porque se esfuerza y colabora con los explotadores, ya sea porque es ella misma un potencial explotador.
A parte del sector empresarial le parece que está en guerra con el trabajador. Que lo suyo no es una colaboración, sino un choque de fuerzas y un regateo permanente siempre buscando el menor sueldo posible.
A parte de la clase trabajadora le parece que a ellos les compran –se dejan comprar a veces y otras no les queda más remedio- por tiempo y no por trabajo hecho. Y que ya que es eso, encima no van a contribuir a quienes les fuerzan a trabajar. De ahí que seamos menos productivos que la mayoría de países ricos del planeta.
Y con estas ideas, los trabajadores están mal pagados -aunque sean de los serios y profesionales- comparados con cualquier país de occidente, entendemos que los negocios son cosa de explotar, que la competencia es exclusivamente ganar unos y perder otros, que lo de producir no va con nosotros, etc. Así, tenemos la crisis que tenemos y la especulación tipical spanish, ganada a pulso entre todos.
Algún día entenderemos que las empresas son esenciales para el buen desarrollo de un estado, que una sociedad necesita reconocer el trabajo de los profesionales, que defender el poder adquisitivo de todos no pasa por demonizar el dinero, y que el trabajo y los negocios son gano yo y ganas tú y no una guerra.
PS: Seguimos con el artículo sobre la transparencia por partes. Transparencia es hablar sobre información relacionada con el poder y el dinero. Y en esa mezcla que tantas cosas tiene, aparecen poco definidas las ideas de trabajo, méritos, negocios, etc. que también merecen una reflexión. De ahí, este post.
Ya saben el canon progresista -del que forma parte-
a) Derecho del estado israelí a defender su población y b) defensa siempre respetando lo más parecido a los derechos humanos en esta situación: las leyes internacionales.
Y el canon conservador:
a) y siempre a) mirar para otro lado, o quizás dar la razón sin mucha efusividad manteniendo las formas, porque los árabes les causan cierta desconfianza.
Como el canon progresista, dicho sólo así, me lo creo y más con lo que estamos viendo esto días, participaré en la manifestación del domingo. Pero, como para mi ese canon necesita de matices y de compromisos de verdad, por lo menos me desahogaré aquí, ya que tampoco estoy de acuerdo con las bienintencionadas reacciones –porque como toda reacción, engendran a su contrario-
Derechos humanos.
Las cuestiones de derechos humanos, especialmente las que tienen que ver con la muerte de civiles –es decir, aquellos que no están entregados a ninguna acción directa de matar a nadie- la doy por fundamentales aquí. No sólo por seguir el precepto aquel de tratar a todos las personas como fines en sí mismos, sino también porque no acepto que matando al enemigo se proteja a los nuestros; porque cuando se produce la encrucijada –virtual- de decidir que vidas humanas son más importantes para salvar y cuáles tienes que perecer con tal fin, ellos o nosotros, siempre podemos tener una razón precisa en contra: no existe solución diplomática o militar en la historia de la humanidad que diga que la muerte de inocentes que acarreó, fue absolutamente necesaria para solventar el problema anterior. Ningún conflicto solucionó un múltiplo de 100 muertes a cambio de perder un múltiplo de 10 en una guerra. Más bien al contrario, las guerras producen que donde antes se perdían 1, durante y después del conflicto se pierden 1000 o 10.000 o 100.000 o más. ¿Y si me equivoco mándenme el ejemplo por favor?
[Por lo demás esta es la razón que ha dado Zapatero, siempre muy preciso en estas cuestiones. Aunque no esté muy de acuerdo en algunas cuestiones de política internacional ni en alguna manera de defender la Alianza de Civilizaciones –demasiado bienintencionadamente- está claro que Zapatero es el único líder de un estado occidental que sigue utilizando la ética en política internacional en temas complicados. A pesar del coste que tiene en nuestro mundo el uso de la ética.]
Los problemas aparecen cuando vamos más allá de esta defensa de los derechos humanos. Y me refiero con problemas al hecho de que teniendo un presidente con una buena referencia ética y un país con lazos importantes con las dos partes, somos incapaces de aportar a una futura solución. Simplemente en el colmo de la ingenuidad pedimos el estado palestino ya, la seguridad israelí y la concordia de los pueblos, cuando eso es precisamente a lo que deberíamos aportar mojándonos y no exigirlo desde nuestra cómoda posición como si fuésemos jueces.
Si nos preguntamos ¿Qué hacer y no qué exigir? Nos encogemos de hombros no ¿Por qué? ¿Es un problema irresoluble? ¿No hay naciones que hayan superado enfrentamientos con componentes religiosos? ¿O por el miedo por la seguridad nacional en el que buscar el futuro de Israel? ¿No hay pueblos que hayan superado la miseria hasta crear ejemplos de prosperidad en los que mirar el futuro de Palestina? ¿Acaso el respeto de los derechos humanos para minorías no es un logro posible? ¿Qué Israel tenga un 20% de árabes viviendo en su interior no debería ser un indicador desde el que trabajar?
Pero no, exigimos y nos dejamos muchas veces llevar por las reacciones.
Contra las reacciones.
El peor enemigo de los derechos humanos es la instintiva reacción humana. Nuestros sentimientos y nuestra cultura nos dan elementos para defender los derechos humanos y también proporcionan lo necesario para ir contra ellos. Entender esto –y estudiarlo- es básico a la hora de arreglar enfrentamientos y debería ser un faro encendido cada vez que tratamos guerras o conflictos.
Podríamos arriesgarnos a decir que la mayoría de las personas tienen cierto sentimiento de empatía con los demás –sabiendo que esto va por grados, y que incluso aquí existe el cero absoluto entre algunos homo sapiens con los que convivimos-
También podríamos decir que muchas de las culturas y las civilizaciones tienen teorías sobre el respeto a la vida humana –aunque también por grados donde de nuevo existe su cero absoluto: señalando como inhumanos a los de la tribu que se tiene enfrente desde tiempos atávicos-
Pues bien, estos sentimientos de afinidad y estas normas morales o sociales que son un anticipo de los derechos humanos, son completamente suspendidos cuando entra en escena la reacción. El sentirse víctima, ya sea por algo hecho en contra de nuestra integridad o intereses, o en contra de aquellos con los que compartimos identidad u objetivos, puede bloquear cualquier lazo de afinidad, respeto a los derechos o el respeto a la vida del que tengamos en frente. Y no sólo esa reacción es una barrera, sino que pone en marcha lo contrario, el ataque.
Esto es algo instintivo, primario, consustancial a todo hombre. Por eso, cumplir con los preceptos morales kantianos es el mayor esfuerzo vital que puede realizar una persona. El tratar a los demás como fines en sí mismos y no como medios. Y lo que es más complejo aún: averiguar cómo implementar esa norma abstracta en cada cambiante e imprevisible situación concreta.
¿Por qué esta propedéutica filosófica?
Muy sencillo, parte de la defensa de los derechos de los palestinos que practicamos los televidentes europeos, tiene que ver con nuestros sentimientos de empatía y nuestras ideas morales; pero también parte de nuestra defensa es reacción y deberíamos ser capaces de eliminar este componente o almenos controlarlo, porque como dijimos al principio, la reacción da a luz lo contrario de la causa por la que se trabaja. O peor, da la razón a los que defienden las acciones militares y el conflicto armado sin fin.
Así una de las cosas que llevo escuchando estos días en la radio y leyendo por internet, es que cuatro misiles lanzados por Hamas son un pequeño pecado. O peor, que es casi una reacción natural de resistencia, o muchísimo peor, que no es ni siquiera natural, sino que es una justa resistencia como producto de años de privación. Dándose por buenas o asumiéndose silenciosamente las críticas radicales al presidente palestino por tibio.
Si de Zapatero o de cualquier otra persona esperamos rectitud moral y coherencia porque si no nos lanzamos al cuello-especialmente lo haran los periodistas- ¿Se permite aquí la suspensión de la defensa recta de los derechos humanos porque lo de Hamas es un pecado de nada y nosotros estaríamos dispuestos a ir más allá si nos pasara lo mismo?
Claro, esta moral, digamos moral del guerrillero romántico de izquierdas, donde la resistencia armada de una comunidad es justificable, produce ciertos problemas entre nuestras intuiciones e ideas propias de europeos hijos de la Ilustración. Primero porque nos desarma cualquier razón: si justificamos o comprendemos la violencia armada por la magnitud de las injusticias sufridas, Israel siempre puede decir algo que es una verdad indudable: es un pueblo que lleva sufriendo la exclusión y persecución durante siglos, y que incluso hoy se les asocia a lo peor que podamos imaginar al hablar de derechos humanos: el sucio dinero, acusación a su vez infundada, que no conoce otra de las verdades de la historia, y es que aunque entre sus élites el conocimiento y el cultivo de la destreza profesional les llevo a estar al lado de ricos y poderosos, no todos eran ricos, banqueros o artistas, y como los, su mayoría sufrían persecuciones. Eso por no acordarnos del Holocausto.
Pero incluso si concediéramos que los derechos humanos no siempre son cosa de rectitud y de defensa numantina, dada la desproporción de la masacre, nuestras razones temblarían. Así, repasando gran parte de las opiniones vertidas nos encontramos que se esgrime que es desproporcionado destruir un colegio de la ONU para capturar terroristas. Algo que se dice menos si quien muere como daño colateral es una de las esposas del terrorista y unos cuantos de sus hijos. Y algo que no tiene mucha importancia y ni se escribirá en el diario de turno será que el joven aprendiz de Hamas muera, siendo la única razón que estuviera cerca de esa organización por la ayuda social que le han proporcionado a su familia –algo en lo que son expertos los grupos religiosos aquí y allí, ayuda y captación- y no por cualquier motivación asesina –al fin y al cabo nunca se le concederá la presunción de inocencia y menos después de muerto, así que nunca se sabrán sus intenciones- Este descenso es más que problemático con la defensa de los derechos humanos, dando importancia a los números y al espectáculo y no a la importancia de la vida por si misma, sea la de una persona o la de 20.
Y claro, si los europeos no podemos tener razones casi que no podemos tener nada más. Por eso cualquier cercanía al problema de Oriente Medio, desde nuestro asiento, siempre tiene que estar basado en un certero uso de la razón. Porque sino las respuestas son simples y llanas: ¿Dónde estaba Europa cuando los aniquilaban los nazis? ¿Qué franja o región cedió Europa a los judíos para administrarse libremente durante los siglos que estuvieron aquí? ¿En España? ¿Se puede hacer proporción con los males de los pueblos si como decía Hannah Arendt los judíos han sufrido el mal absoluto? ¿Cuál es la proporción del mal absoluto? ¿Acaso el sufrimiento tiene geometría? ¿Existe el algebra de los derechos humanos?
Ignatius J. Reilly era un convencido defensor de la teología y de la geometría
Ésta pendiente resbaladiza aparece cuando se deja uno llevar por la reacción o por cierta condescendencia a la guerrilla o pierde de vista que Israel está en muchos puntos de mira exclusivamente por motivos religiosos, y es el punto débil de cualquier opción progresista. Bien que lo saben los conservadores y derechistas de todo el mundo, y bien que intentarán tirar de este contrargumento incluso si no hemos justificado el lanzamiento de misiles o la intifada o la yihad que toque en ese momento. Frente a lo cual tenemos que ser cuidadosos.
Es por esto por lo que yo no puedo estar con las posturas basadas en la falta de proporción, en la lógica de los estados, en la historia de los agravios de unos pueblos y otros o en la de la resistencia. Todas ellas son meramente reactivas. Y asumirlas por parte de un europeo que desee una solución real y de acuerdo a los derechos humanos es inviable –Insisto que aquí, escribiendo sobre algo que me toca tan de lejos, hablo como europeo, como español, y sobre lo que podemos asumir y no asumir nosotros con respecto a nuestro objetivo como progresistas. Esto no es una crítica moral para palestinos, árabes o judíos, faltaría más, no, es para europeos-
Resumiendo –acción tan necesario cuando se trata de algo tan espinoso y sabiendo que muchos lectores de blogs no están para grandes aventuras impresas- Sí estoy con las posturas que defienden los derechos humanos. Pero no con las de reacción asentada en la moral de la guerrilla o de la proporción, porque precisamente esa reacción anula cualquier tipo de solución o cualquier tipo de ayuda que desde Europa podamos dar efectivamente, es decir no las militares, porque no tenemos ese poder, pero sí las diplomáticas, las culturales, las basadas en el comercio y la de los derechos.
Ejemplos: Razones de derechos humanos en Escolar, sí. Razones de proporción en Escolar, no –porque además el artículo que cita es de absoluta precisión, por eso sólo puede criticar el título o sus supuestos objetivos mientras que no puede decir nada del desarollo.
E insisto, son razones para nosotros, que tenemos que buscar soluciones, algo que dibuja muy bien Luis Solana cuando señala que la falta de proporción es algo que nos pone difícil defender Israel y su camino de existencia, o como diría yo, nos pone difícil emprender iniciativas en las que puedan estar juntos los dos. Ya que las proporciones en temas de derechos humanos –frente a otro tipo de justicias, como las redistributivas- sólo crean más problemas –venganza ad infinitum- y nunca soluciones.
Qué exigir a los políticos europeos y a los progresistas.
Hay ocasiones en las que críticas tienen que ir con alternativas o no servirán de nada. Y en el caso de Palestina más aún porque ya conocemos nuestras posturas desde hace decadas. Los progresistas, o la ciudadanía crítica o como gusten de llamarse, no sólo puede pedir una parada de fuego a Israel, tiene que pedir a Europa que sea activa y ofrezca las soluciones que ella pueda dar. Como decíamos, las diplomáticas, las culturales, las basadas en el comercio y la de los derechos. Las que conllevan largos periodos de tiempo.
Intentos que tendrán que convivir con periodos de crisis, y que por tanto tendrán que ganarse una gran confianza de las dos partes para que nunca dejen de lado –del todo- la opción Europa. Si EEUU tiene en gran parte la opción militar y poder de imprimir tanto miedo que ninguno de los dos pueda olvidarse de él, nosotros debemos presentarnos como esa esperanza real que no hay que perder de vista por calientes que estén las cosas.
La opción Europa tiene que ser un camino de sinergias entre palestinos y judíos. Un camino de intereses y lazos compartidos que con el tiempo haga inviable atacarse unos a otros porque eso sea contraproducente para los intereses más directos y las relaciones más cercanas. Un pequeño ejemplo de esto nos lo da la orquesta de Daniel Barenboim. Un ejemplo mayor –por su carga institucional y ejemplar- lo da conceder un premio conjunto a Baremboim y a Edward Said. Y a partir de ahí podemos proponer. Como crear un instituto de la paz europeo con becas para todo tipo de estudiantes de Israel y Palestina, donde tengan que hacer algún proyecto conjuntamente aquí, fomentar relaciones de comercio entre palestinos y judíos –aunque lo primero que habría que hacer es acabar con el cerrojo económico que imprime Israel a cambio de ayudarles en la seguridad- Etc.
Pero la opción Europa tiene también que ganarse la confianza de ambos. Defendiendo la vida humana y los derechos por encima de todo. Aplicando una rigurosa ética con los dos y siendo coherente. En este momento condenando enérgicamente la matanza y la vía militar de Israel. Rechazando que el Holocausto nos inhabilite moralmente o políticamente. No olvidándonos de Palestina cuando no sale en la tele. Apoyando humanitariamente y diplomáticamente a su pueblo. Diferenciando un orientalismo mirado objetivamente junto a su potencia cultural, diferenciándolo del fundamentalismo religioso. Denunciando el racismo, la falta de oportunidades y los prejuicios, pero también no mirando para otro lado, por miedo o por frescura multicultural, cuando veamos ramalazos de fanatismo religioso, de sometimiento de las mujeres, de rechazo de la libertad de expresión –que aquí nos entro el miedo con algo que le permitimos a Leo Bassi, y me parece muy bien, pero no a los dibujantes de Mahoma. O como cuando fuimos a corregir a la ministra de Igualdad tras decir algo que cualquiera sabe, y es que las religiones sobre todo lo que hacen es someter a las mujeres, aunque sea disfrazándolo de cultura-
Pero también siendo coherentes con el derecho a la vida de los ciudadanos israelís. Apoyándoles en sus conflictos con líderes que niegan el Holocausto y el derecho de Israel a existir como estado. No mirando para otro lado cuando ese mismo líder aparece en un canal de televisión europeo para felicitar las navidades. Entendiendo que no es cómodo vivir bajo la amenaza de un terrorismo que puede venir de cualquier sitio. No tontear con estados que llaman a su particular guerra santa con Israel. No comprender que en una pancarta de una manifestación en Madrid pongan una estrella de David junto a simbología nazi cuando se supone que se pide la defensa de los derechos humanos. No justificar ni comprender por proporción ni por nostalgia -cinematográfica- la guerrilla, ninguna empresa terrorista. Etc.
Es un camino difícil y más cuando uno ve ciertas imágenes de los dos lados. Pero es el único razonable que puede andar Europa frente a EEUU y que puede crear un progresista frente a la fuerza de la reacción.
PS: Queda pendiente un artículo sobre El Choque de Civilizaciones en prietistas, ahora que murió Huntington hace unos días. Es un autor imprescindible para entender la política exterior norteamericana. A ver si un día de estos vuelve a nevar, Madrid colapsa -reduciendo un 0,001% su productividad típica de un viernes- y me libro de las obligaciones laborales para escribir sobre el Choque.
PS2: Al final, la lucha entre el Choque de Civilizaciones la Alianza de Civilizaciones es la lucha entre lo teológico y la moral de grupo frente a lo razonable y la ética universal –aplicada siempre, no cuando interesa- Elijan.
¿Ustedes se imaginan a los palestinos levantando sus propios muros para separarse de Israel? ¿O a los judíos sus guetos alemanes hace más de cincuenta años? ¿A los inmigrantes de África creando sus propias vallas con espinas? ¿Se imaginan algún pueblo oprimido levantando sus propias barreras? ¿Ya ni siquiera para defenderse de ejércitos ajenos, sino del comercio, la cultura o las personas del otro lado?
¿A qué sería de idiotas? Pues nuestros idiotas más malos han vuelto a matar, para que no llegue el Ave. Ya que no tienen opresión ninguna y lo saben, supongo que se la querrán crear ellos mismos para luego poder lamentarse. En fin, esperemos que la policía y la guardia civil sigan haciendo su buen trabajo, y que cada vez tengan menos apoyo social en su tontería. Ya, ni siquiera pido que toda esa gente deje de apoyarles por respeto a los derechos humanos, tampoco quiero pedir demasiado, sino por inutilidad para ellos. Esta no es su causa porque es tan absurda que no puede ser ninguna causa.
Los aparatos políticos están diseñados para absorber la libertad y la voluntad que están en el inicio de cualquier activista convencido -no en un heredero regio indiferente a su destino-, reintegrando sus impulsos y su indomabilidad inicial en la fuente del partido. Los gobiernos están diseñados para absorber esto de los candidatos -ya saben, el denominado síndrome de la Moncloa-
De ahí que en la historia de los reyes, políticos y dirigentes haya pasado tanta gente sin pena ni gloria. Anularon su capacidad de decisión para adaptarse y seguir en el ciclo.
Digamos que soy bastante consecuencialista en la teoría ética. No soy un espíritu puro ni pretendo serlo. Eso para los buenos de la humanidad que tanto miedo me dan. Digamos que prefiero las éticas que se reajustan según las consecuencias, que las que prefieren su reajuste a nivel lógico -las de principios- En la medida que no creo que el lenguaje natural sea una herramienta demasiado perfecta para describir pequeñas instrucciones lógicas -al contrario, el lenguaje natural se vuelve potente y descriptivo cuando es abundante e interconecta diferentes entornos: las buenas novelas, esas que no se pueden leer en el metro, los buenos ensayos o los buenos debates, no los que echan por la tele-
Soy consecuencialista porque creo que hay que someter todo a pruebas con el entorno y de ahí modificar -cual ISO 9001- Pero existe una diferencia entre el consecuencialismo como teoría general y las personas que adaptan sus principios según el beneficio inmediato de las circunstancias. El consecuencialismo admite que una doctrina política como el socialismo se adapte a la realidad para mantener relaciones de justicia, dignidad, libertad, etc. entre las personas. Admite -con razones- pasar de un núcleo duro ético de Pablo Iglesias, que rechazaba cualquier acercamiento al republicanismo, a un liberalismo de izquierdas -a lo anglosajón- de Zapatero o Solbes.
Pero el consecuencialismo no es nunca una justificación de la superviviencia política de un político. O de su escalada. Hay un punto donde uno debe mantenerse en sus principios en la medida que “fluctuar” elimina la confianza que los demás pueden tener en ti. Volviendo el sistema caótico, al no poder ninguno de los agentes predecir -confiar- en el resto: si todo el mundo va cambiando de principios según sus intereses inmediatos, nadie es predecible más allá de dos o tres movimientos, salvo en una cosa: que no es de fiar.
Entonces ¿Adaptarse con lo que venga o aislarse y salir del juego? Pues como aristotélicos que también somos, ni una ni otra. Adaptarse sólo cuando eso sea un paso en la consecución de los objetivos y no sólo sea sólo supervivencia, ambición o pajas mentales.
Al fin y al cabo, como saben los buenos guionistas de Hollywood, en las decisiones se muestran las personas. Y nada dice que tengan que ser fáciles.
PS: El diálogo del arquitecto se puede retrotraer hasta Hesiodo, con los trabajos y los días. Y como bien sabía el griego, y como inconscientemente de este relato, me decía nuestro antiguo secretario general de Torrejón, esto es un ciclo y quien sepa mirar sabe en que edad del hombre -en que ciclo- nos encontramos y que tipo de decisiones hay que tomar.
PS2: Los antropólogos en vez de irse a ver tribus extrañas, aldeas gallegas o bandas urbanas de Nueva York, deberían adentrarse en los partidos políticos -o en las multinacionales- Se aprende mucho de las personas y muy deprisa -en la medida que no se pueden posponer las decisiones como en la propia vida-
PS3: Hay algo peor que un político integrado definitivamente en el sistema: alguien que pretende destruirlo o homogeneizarlo con su imagen -con su dominio- El Agente Smith. Esos que para pasar a la historia se juegan la vida del resto de sus conciudadanos llevándoles a la guerra.
PS4: Las organizaciones políticas juveniles actúan de la misma forma. Pero si cabe con consecuencias más catastróficas: anulan en casi todos su capacidad de decisión bajo unos valores para que estas se tomen bajo los parámetros de partido, justo en el momento que menos ataduras y deudas personales se podrían tener. Justo en el momento que menos ataduras tendrían que tener para cuestionarse tantas cosas que se dan por hecho. De ahí que prefiera las organizaciones políticas norteamericanas en cuanto activismo político joven.
De ahí el: Hay niveles de supervivencia que estamos dispuestos a aceptar.
Ya saben que estupidez y maldad son dos caras de la misma moneda y zurrar a la persona con quien convives es de los mayores ejemplos de idiotez moral; es casi una idiotez sublime. Ésta es tu vida, tu única vida y te dedicas a jodérsela a quien tienes a tu lado. Demuestra lo poco que vales.
Normal que al final te suicides; aunque ya lo podías hacer antes.
Dicen que esto es producto del machismo. Yo creo que no, que viene de algo más primario -origen también del machismo-, que es la voluntad de dominio y de un cierto gusto por la violencia. Es algo muy muy básico, que muchas personas desarrollan más o menos sin darse cuenta: el victimismo para imponer sus decisiones -el maltratador se hace la víctima siempre: su pegar siempre tiene una excusa dolorosa- la manipulación del entorno para que al final se haga lo que el o ella quiera -el maltratador es una maestro en el arte del aislamiento y del colocamiento de fichas en el tableros o de su desaparición- y la capacidad para dar premios cuando se adaptan a él -igual que los secuestradores y su capacidad para infundir el síndrome de Estocolmo-
Esto lo digo porque se hace mucho hincapié en que para acabar con esto hay que acabar con la cultura machista. Que está bien, pero que no creo que sea el tiro definitivo para este problema ni mucho menos. La dominación en las relaciones personales es el auténtico problema y esto es una cuestión ética. Que va desde el dominio que puede ejercer una lesbiana sobre otra, hasta el de un padre y un hijo, pasando por el de un jefe con un empleado o una autoridad estatal con un ciudadano. Todos con ejemplos de violencia, maltrato infantil, maltrato psicológico, de accidentes “laborales”, de asesinatos, etc. -y todos con una fuerte mejora cuando se han regulado legalmente-
Es una cuestión de no permitir este tipo de relaciones, legalmente allí donde se pueda, o culturalmente allí donde es una cuestión de posicionamiento personal o de grupos pequeños como una familia o unos amigos. Y la verdad, echo de menos lo que la ética y la filosofía aportaban a los jóvenes para este tipo de cosas.
En otras esferas se apunta bien al decir que para combatir efectivamente esta lacra se debe pasar por una cultura pública concienciada, por unas leyes articuladas y por planes dotados y activos -ejem en la Comunidad de Madrid y en Torrejón de Ardoz- Para esto los socialistas tienen un buen fundamento desde el que posicionarse: la lucha contra la dominación. Se hace lo que se tiene que hacer cuando se denuncia al machismo y su historia y se apuesta por la igualdad. Y el tercer elemento, el componente ético se olvida un poco.
Por eso ponemos canciones, porque a veces son buenas para la ética.
PS: Como dice Pettit la manipulación es otro de los pecados capitales contra la libertad.
PS3: La dominación a manos del señorito, el señor feudal o el faraón parecían algo irrevocable. En el momento en que existían. Pero la historia nos demuestra que luchar contra esto no es una causa perdida ni una ingenuidad y que por tanto es asunto de todos.
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