Eso decía en GeorgeTown, ahora Aznar ha viajado a Melilla como el que viaja con un lanzallamas a un bosque incendiado, para dar captura a los supuestos pirómanos, que por supuesto ya no están allí.
Todo lo que haga o diga en Melilla, el ex-presidente que nunca visitó la zona cuando dirigía España, de poco puede servir. Salvo para retroalimentarse con los radicales. Las cuestiones de frontera, a no ser que tengas uno de los ejércitos más poderosos del mundo o la loca voluntad de entrar en un conflicto imprevisible, no se solucionan con declaraciones que buscan la confrontación con otros países y la división interna. Tiene que ver con la diplomacia, con Europa o con la OTAN sí la cosa se complica. Con dejar al gobierno trabajar.
Con manejarse con cierta prudencia e inteligencia. Cosa que no se ve en su visión del mundo, de occidente y de oriente.Yo desde luego no dejaría que alguien con una visión tan simple dirigiese cualquiera de lo asuntos que me afectan.
No creo que la solución a las provocaciones sea meter la cabeza debajo de la tierra, pero creo que se ha estado trabajando mucho con Marruecos en los últimos años de una forma beneficiosa para España -entre otras cosas entre la política antiterrorista- como para que alguien intente prender fuego a lo conseguido.
Buscando entre los viejos diccionarios, he encontrado una descripción de neutralidad política perteneciente a los trolls de la Edad de Hierro, dicen que el autor fue un elfo metido a antropólogo, reza así:
Entre estos seres, la neutralidad política es aquel deseo primario y si se tiene suficiente poder la imposición, de que los contrarios no hablen y los propios lo hagan sin parar, a pesar de sus notables deficiencias lingüísticas y conceptuales, por no decir sociales. Suele venir acompañada de cierto toque lastimero o victimista.
Esta es la neutralidad a la que se acerca el PP. Rajoy aparentemente nunca se mete en asuntos internos de las comunidades autónomas. Pero ahí está, maniobrando en Asturias con cierto éxito y en Valencia con menos. Por no decir esa lección magistral de fontanería que le dio a Aguirre cuando esta se pensaba imparable. Esa es la neutralidad del Rajoy. Esa es la neutralidad, que no es más que un velo sobre la actividad real, que no quiero para el partido que pertenezco.
Y afortunadamente así rezan nuestros reglamentos sobre primarias:
Sin perjuicio de que los candidatos dispongan de igualdad de condiciones en la utilización de los medios personales y materiales del Partido puestos a disposición del proceso de primarias, cualquier militante así como cualquier cargo orgánico tiene el derecho de manifestar con libertad sus opiniones sobre
los candidatos y sus opciones, dado que este ejercicio de la libertad de expresión de sus ideas no supone una merma en las garantías del desarrollo de las actividades de información interna, ni en el ejercicio al derecho del voto individual y secreto de los electores.
Vamos, que es el propio partido el que anima a Zapatero, a cualquier cargo de su ejecutiva, a los secretarios generales del PSM, a su ejecutiva, diputados, concejales, militantes y a quien sea a tomar partido. El límite que existe es el del debido respeto que nos debemos unos y otros como militantes y la no obstrucción de las actividades de información interna y voto.
A mí me encanta saber donde está Zapatero -pocas personas en el PSOE me pueden guiar como él- Tomás Gómez, Trinidad Jiménez, Pepe Blanco, Simancas, mi secretaria general y sus pares en Madrid, mis compañeros de federación o los de mi agrupación. Porque muchos de ellos no son solo cargos para mí, sino referentes de ideas y acción política. Y me gustará ver el debate público, porque toda esa información nunca me llegará por cauces internos dentro de la organización, por la sencilla razón de que los mecanismos de información son unidimensionales, muy lentos y verticales frente a la información del debate y sobre todo el posicionamiento, que es multidimensional, mediático, extremadamente rápido y dejado para el último momento, eliminando cualquier capacidad de reflexión. Es decir, la información necesaria desborda los canales que existen.
Además, apunten que lo bueno de las primarias, y no sólo el hecho de poder elegir entre dos personas, es que suponen una ruptura del velo que todo lo tapa en los partidos políticos, que nada tiene que ver con lo que intenta mimetizarse de forma tramposa, a saber, el trabajo silencioso y leal del que está comprometido con sus siglas. Las primarias, como los cambios de mandatos, en el peor de los casos sirven para dar luz a relaciones y estructuras que no se muestran a todos, y en el mejor para alcanzar acuerdos allí donde parecían existir relaciones imposibles, bajo una nueva bandera que no es la de unos y otros.
Por ello, quizás para muchos lo de Lissavetzky, su apoyo a Trini delante de Tomás, fuese algo desleal. Pero, creo, que eso es algo que Tomás Gómez y el resto de la organización lo agradecerá, porque es mejor que te dejen las cosas claras, a que te induzcan una falsa impresión hasta el momento de votar, como sucede en las famosas batallitas documentadas -en nuestras mejores biografías- de congresos de delegados.
Además, si en un partido se debate fundamentalmente sobre ideas, cuantas más mejor y cuantas más personas participen, más rico. Y quién piense que una palabra de la jerarquía es una imposición, ya sabe lo que tiene que hacer, que en el próximo congreso político lleve propuestas de democratización y apertura de la vida interna. Y si lo piensan siendo un cargo orgánico que se pongan a construir otro tipo de partido desde abajo. Que por cierto, esa fue la razón por la que apoye como militante a Tomás Gómez, para que reformase el PSM, haciendo de ella una organización más moderna, movilizada y plural.
PS: Mensaje desde el móvil… que mareo.
PS2: Ya no puedo escribir más, otro día tomo partido y lo argumento. Porque aunque me gusten las cosas públicas, creo que lo principal es dar razones y debatir. Sobre todo, no hacer de esto una guerra de eslóganes. Aunque quién haya visto Julio César, sabrá donde estoy.
¿un presidente socialista diciendo que no hay mas opción que ajuste de deficit para luchar contra la crísis, y un presidente de los Estados Unidos de América diciendo que mejor mantener el déficit para apoyar el consumo?... el mundo está loco.
Y tratamos de diagnosticar la locura.
El primer espectro del capitalismo alimenta estos días el discurso de Obama. La economía crece en función de las expectativas que crea. En el interior del intercambio –a través del dinero- de bienes y servicios sobre las necesidades creadas en ese momento, existe un componente inestable, un monstruo, un ser de incertidumbre que crece según se desarrolla ese intercambio general de cosas necesarias, un ser informe que alimenta de oportunidades el sistema, un ser que desestabiliza ese equilibrio de precios al que nunca se llega.
Este ser es esto, una ruptura del equilibrio del intercambio cuantificado a través de un sistema de información como es el dinero. Y es posible porque las necesidades que satisface el intercambio económico nunca son estables. Porque el mismo hombre y las sociedades las van cambiado. Nos cansamos de satisfacer unas y descubrimos otras, rompiendo la paz. Porque el hombre se hace y se deshace a sí mismo constantemente. Desde el hacha al iphone, desde el día de los sacrificios humanos hasta el de los enamorados.
El segundo espectro alimenta a los europeos. La máquina. Esta y el dinero se han desarrollado juntos. Su historia tiene mucho que ver. Hoy en día los modelos empresariales de moda tienen una filosofía parecida a la cibernética. Sistemas de hipótesis e indicadores dando vida a órganos y esqueletos.
La máquina intenta cuantificar todo y eliminar el margen de error. Eliminar ruido y levantarse sobre módulos estables que no puedan romper el conjunto si se degradan. La máquina quiere una información perfecta de sí misma. Quiere hipótesis a corto plazo y no vivir de esperanzas incumplibles. No quiere vivir del déficit cuando el entorno es incontrolable -sobre todo si no tienes unos sistemas defensivos/ofensivos que estabilicen el exterior según la propia voluntad, como sí tiene el espectro americano-
Dos enemigos inseparables. Un espectro que vive del anhelo de su propio crecimiento. Otro que vive de rechazar todo lo incontrolable y sujeto a las circunstancias externas. Dos espectros que se odian y se necesitan. Dos espectros, que cual dioses del Olimpo, dirigirán nuestras vidas en función de su celestial pelea.
PS: Siempre habrá fundamentalistas de los dos, ciegos guardianes del fuego, cuando ninguno funciona por sí solo mucho tiempo. Cuando son deidades plurales porque todo es una trampa a la que no nos queda más remedio que jugar mientras preparamos otra, también tramposa.
Puede resultar difícil hacer llegar tu historia a la sociedad a la que te diriges. Los malos políticos optan por la de ser repetitivos hasta hartar. En su mensaje y en sus imágenes. En su carrera incesante de considerar al electorado idiota. Y si al final no llegan, consideran que el problema es no haberlo repetido suficientes veces o que el electorado necesitaba un mensaje incluso más simple.
Frases repetidas no se cuantas veces, por aquella teoría absurda del número de impactos y el medio, imágenes serializadas y vacías de contenido. Una cara, una corbata a medio hacer o el colorete justo. Para mí, pérdidas de tiempo y añoranza de aquellos tiempos en los que un cartel electoral, aunque fuese propaganda, trataba con mayor respeto al votante. Imágenes más creativas, sonidos incluso más arriesgados para la época, incluso con Simancas se llegaron a poner unos carteles en el metro que pintaban bien.
Los peores políticos y los mejores expertos en comunicación han vaciado la imagen de arte -ni los reyes más obtusos se atrevieron a algo así- y han desinflado el discurso a frases de oración religiosa. Incluso algunos ya no hablan ni de ideas ni de análisis sociales, sólo de liderazgos, de quién tiene el aparato más grande y de egos.
Pero bueno, siempre podremos aprender de un genio de esto. Que sabe que las imágenes bien construidas y las buenas historias se recuerdan y se asientan en el subconsciente, mientras que lo inconexo, por evidente y verdadero que le parezca a sus creyentes, se lanza al dev/null mental.
Una historia para el mundo exterior. Aquí estamos nosotros con los rusos. Comiendo en la misma mesa como dos colegas. Rodeados de gente normal, comiendo comida normal y hablando de misiles o de si es bueno para el sistema o no dejar propina a la camarera ¿Quién no querría saber más de lo que hablan esos tipos tan poderosos en una escena de Tarantino? ¿Incluso los enemigos comunes?
Mega-diplomacia
Una historia para el mundo interior. Un liderazgo y un triunfo colectivo, de mayores a niños, de la gran familia norteamericana. Una firma que bien vale un cuadro que el que venga detrás no solo tendrá que contra-legislar sino quemar. Y ¿Quién quema los cuadros de la familia? ¿Los locos?
Reforma sanitaria
Reforma sanitaria
PS: Manejar bien las imágenes y las historias no le haría mejor que un Stalin o un Hitler. Pero hay bastantes diferencias. Al menos en la teoría -en lo que escribe y lo que cuenta- maneja una teoría liberal de izquierdas de lo más potente y aguda.
Dice Strauss Kahn: “Zapatero asienta las bases para dos décadas de crecimiento”
Supongo que la historia dirá si Zapatero ha sido lento o todo lo contrario, igual que las reformas estructurales que en su día emprendió Felipe González. Pero ahora parece que se está haciendo razonablemente bien dentro del entorno en el que estamos. Quizás los errores han estado en la década anterior, por no reajustar como si habría debido, pero le hubiera sido muy difícil, teniendo en cuenta la borrachera económica en la que vivíamos. Y váyase usted a quitarle la botella a un borracho -que tampoco es por excusar-
No sé si el mercado internacional es irracional o exageradamente racional siguiendo las escasas normas de sus diseñadores. Pero el juego, lógico o no, justo o no, es tan real como mortífero o gratificante.
Es real y es inevitable. Porque hoy todos los capitales están en la red global y si se intentan atrapar simplemente escapan a otro banco. Y el margen que le queda a los países es el diseño de su adaptación y emprender una larga y tediosa carrera de reforma de los circuitos por los que se mueve el dinero y las mercancías -en la que los países europeos ya tienen unas bases adelantadas si quisieran-
Los chinos para adaptarse han sabido diseñar un sistema con dos capas, una que compite en el mundo y que cada vez lo hace mejor -y no por el nivel de abuso laboral, sino por su increíble ritmo de producción de ingenieros- y otra capa de explotados que convive con los marginados.
EEUU tiene un modelo parecido de doble capa, pero con una mayor movilidad de personas entre esos estratos. La propia idea de mercado libre es la que permite a alguien emprender y moverse. Algo que desde Europa o más precisamente en España, se entiende como todo lo contrario, a saber, el mercado libre como fuente de encasillamiento social.
Y por otro lado Europa, que si bien tiene diferencias entre un punto de la capa más cercano al mercado internacional y el otro posicionado en la producción local, parece que no deja demasiado espacio para los extremos dado el estado del bienestar -y digo parece, porque sigue siendo incomprensible que nadie se haya tomado en serio la eliminación de la marginación en Europa, que existe-
Ahora con este reajuste a Europa la están forzando a jugar al juego de las dos capas dentro de su caja negra. Que se acepte o no dependerá de los arquitectos que diseñen nuestro futuro social de la eurozona. Sabiendo que si se sabe salvar el problema de la migración de las personas, a la economía internacional le da igual el diseño de las cajas negras, el número de capas y las conexiones entre ellas que cada país haga con su economía, mientras cumpla con ciertos requisitos de entrada y de salida. Eso ya depende de la inteligencia política de cada uno.
Ahora tenemos que apelar a esa inteligencia, que sepa con el mercado tenemos unos inputs y tenemos que dar unos outputs en el juego que jugamos. Que no vale criticar la irracionalidad del mercado o sus defectos diciendo que ya no jugamos, que no van a pagar justos por pecadores, o cualquier otra forma de tirar balones fuera. Hay que conocer ese juego y ganarlo en la que nos convenga. Y una vez estables en el tablero será el momento de crear un sistema que redistribuya con justicia, que de oportunidades y movilidad social y que no cree castas económicas.
Se ha apuntado a una reforma del mercado laboral. Se han unificado criterios de despido y contratación. Ahora nada nos impide hablar de flexiseguridad, formación continua del trabajador y del nuevo papel de los sindicatos en el control y la transparencia de las empresas. Hay mucho margen para la izquierda. Para una izquierda que piense en la sociedad en global y no sólo con dos o tres ideas básicas sin conexión ni argumentos, como IRPF alto para los ricos, intervención del estado y gasto social sin más y cuanto más mejor -que no se tienen que rechazar pero si saber integrar-
Sindicatos, empresarios, nacionalistas, populares y socialistas han invertido parte de su discurso público. Para muchos esto puede ser parte de la causa de la gran desafección que generan. Hoy les vendo este discurso y si no les gusta mañana pronunciaré el contrario. Incluso a mi me estaba inspirando un artículo crítico. Pero también veo en ello una oportunidad, que bien liderada puede servir para conseguir una España más motivada hacia un propósito común, que hacia una constelación de ideologías centrífugas que busca más el interés propio que el general.
Porque muchas veces somos prisioneros de los compromisos que adquirimos en busca de nuestros intereses particulares. O de nuestras palabras cuando criticamos a los demás. Con ellas nos comprometemos a ser mejor de lo que somos para conseguir algo o para quedar bien ante los demás. Porque para poder señalar la impuntualidad de los demás tenemos que saber que ya nunca más podremos llegar tarde.
Repasemos los discursos:
Los sindicatos denuncian el recorte de inversión pública y el recorte de los sueldos de los funcionarios, desde un discurso que nunca ha sido su núcleo ideológico. Hablan desde el punto de vista del mercado cuando piden más inversión –aceptan plenamente la lógica capitalista del endeudamiento y el dinero virtual- y su defensa del sueldo del funcionario se basa principalmente en que el recorte retraerá el consumo –defendiendo el consumismo, lo peor del capitalismo, para una visión altamente concienciada como debería ser la de un sindicalista-
La patronal defiende la reforma laboral en nombre de la lucha contra el paro. Cuando es precisamente este mal social una de sus mayores fuentes de beneficios y poder –especialmente en España por cómo entiende el empresario su negocio en España- El paro es tan bueno para él como la inmigración desregulada. Con una masa de aspirantes mayor a la oferta de trabajo podrán elegir a su antojo entre las personas en las ferias de carne, despreocupándose muchas veces de su formación y su bienestar, podrán bajar los sueldos muy por debajo del valor que aporta el trabajador, y tendrán en sus manos el alimento que necesita todo gobierno para que el pueblo hastiado no lo tumbe.
Los nacionalistas –de derechas- llevados a la oposición en sus respectivas comunidades, están asumiendo un papel altamente constructivo en el parlamento español. La necesidad de una tribuna pública que les haga aparecer como hombres de estado antes de las elecciones, que ahora no tienen en sus feudos excepto CC, les lleva a ser más responsables que la mayor parte del arco parlamentario. Cuando su misión tradicional es minimizar progresivamente el poder y las fuerzas del Estado central allí donde ellos puedan asumir responsabilidades.
Los populares han abrazo la internacional socialista. Pons lleva a la cadena Ser su historia personal, citando a su padre pensionista –al menos menta a alguien real, creemos, y no a un abuelo imaginario de la niña de Rajoy- Cospedal se acuerdo constantemente de los pobres y parados. No firman las medidas de ahorro fiscal en nombre de los trabajadores. Tienen encerrado al neoliberal Montoro en el cuarto de las escobas de Génova y se van de fiesta al folclore catalán en de irse de mitin con Camps.
Los socialistas han –hemos, yo soy un liberal de izquierdas a lo anglosajón en la cabeza, con un cuerpo de socialista español- asumido cierta ortodoxia financiera –Indalecio Prieto ya lo hizo sin problemas ideológicos en la Segunda República cuando le tocó hacer lo mismo- Han asumido unas reglas del juego que sólo estaban permitidas cuando fuesen útiles –cuando estuviesen en el momento bueno del ciclo-para una redistribución justa, para dar servicios y derechos, para producir una riqueza necesaria para la cohesión social, para salvar el espinoso tema de la inmigración y un largo etc. Pero que no estaban permitidas sus variaciones menos favorables, que en su imaginario histórico se representaba como aquel capitalismo pasado de niños en las fábricas y jornadas de catorce horas.
Esto que podría presentarse como un fracaso intelectual, porque todo ello indica fuertes contradicciones, yo lo veo como la oportunidad de hacer unos sindicatos más insertos en la empresa privada ejerciendo una función no simplemente de interés del trabajador representado, sino de transparencia empresarial y de información en el debate público. La oportunidad de un cambio en la mentalidad empresaria del país, que no trata solamente de especular levantando edificios como setas, sino que busca hacer del emprendedor un industrial que cuidará su empresa como si fuese un artista con su repertorio. La oportunidad de unos nacionalistas que no solo vean el federalismo como un tribunal de ajuste de cuentas pasadas, sino como una herramienta para ser solidarios en un camino común. La oportunidad de conseguir una derecha más europea, más democristiana y menos neoliberal. La oportunidad de que el socialismo infecte completamente el estado, aceptando que opera bajo determinadas reglas económicas, para evolucionarlo en un sistema que proteja a todos vayan las cosas bien o mal a nivel internacional, porque es un buen jugador.
Aunque esta visión es demasiado optimista para los tiempos que corren. Ya dije al principio que hacía falta un buen liderazgo. Sin él, solo triunfará la mitad negativa, la que hace de toda esta tendencia centrípeta, una mera pose para alcanzar el poder deseado. Para quedarse en el centro con los intereses de una de las periferias y gobernar a todas según le convenga. Vean a Nick Clegg nada más llegar, metiendo una tijera tan grande que hasta el más liberal se habrá asustado. O miren a este PP, votando lo que vota, incapaz de pensar en el futuro del país a causa de que las encuestas le dicen que las elecciones las ganarían ahora, en el centro del huracán.
Pero bueno, lo que hace grandes a los países y a los políticos es aprovechar las oportunidades más complicadas. No está justificado este optimismo, pero no nos quedaría otra alternativa que asumirlo.
Parece ser que se ha vetado a los gays de Israel, arguyendo que no han condenado el ataque a la flotilla por un lado y excusándose por otro, en el peligro que representaría -no lo dicen a las claras- un atentado terrorista.
Como con todas las decisiones absurdas hay una mezcla de todo sin orden ni concierto. Por una lado la idea de que para participar hay que condenar, aplicada en España a Batasuna. Ya ven, muy apropiado que cojan los organizadores de una fiesta reivindicativa la ley de partidos pensada para luchar contra el terrorismo.
Por otro, el aceptar cierto miedo implícito ante la amenaza terrorista por razones de religión, en este caso con el Islam. Dejamos atrás la libertad de expresión por lo políticamente correcto -por miedo y no porque nos lo creamos, porque al contrario, aumentan nuestros prejuicios- y nos parecen poco convenientes las viñetas o los libros críticos, o las opiniones sobre temas como el burka o el velo, por no buscarnos líos -y no porque tengamos un discurso armado y coherente, al menos los progresistas- Y de ese miedo al Islam, pasamos a Gaza y a la falsa causa que hace el terrorismo islamista alrededor de su infierno. Los terroristas unifican cualquier causa que tenga que ver con el Islam y Oriente, y nosotros, para no pensar demasiado hacemos lo mismo. Pero bueno, eso que lo haga una clase acomodada y asustadiza vale. Pero ¿Qué lo hagan los gays más reivindicativos? ¿Los que saben que más vale no estar callándose siempre y vivir siempre complacientes con el miedo? Sólo lo podría entender si esa fiesta se ha convertido en el capricho de cierta clase acomodada Pero, y ¿Si ahora amenazan los terroristas la fiesta del Orgullo Gay tendría el Ayuntamiento de Madrid que prohibirla? Que excusa más perfecta tendrían los hipócritas.
No lo entiendo. Pero bueno. Ellos sabrán. Pero lo que no entenderé es que el PSOE participe. Que nos dediquemos a propagar la Alianza de Civilizaciones, buscando con ella más los puntos de unión que los de separación a pesar de los riesgos. Que eso implique que se trabaje junto a países como Turquía o que se prefiera una vía más moderada -por efectiva- de la transición hacia la Cuba democrática. O que no rechacemos tener todas las vías diplomáticas en conflictos que tienen una solución casi imposible por el camino del pleno derecho, la democracia, etc. Hace imposible este purismo y menos con un país como Israel. Tendríamos que cortar cualquier relación de Marruecos a la luz del Sáhara, con Rusia viendo Chechenia, con EEUU sabiendo que siguen en Irak y un largo etc. de países sin democracia constitucional amplia. Y no sólo con sus gobiernos, sino con sus activistas más progresistas, si es que no pasan el examen de condena explícita a su gobierno. O peor, deberíamos romper con todos los ciudadanos, especialmente con sus activistas gays, que no condenan a sus gobiernos por no darles unos derechos como los que se tienen en España. O romper con las ONGs locales asentadas en países con dictaduras, si es que no escriben notas de prensa contra sus gobiernos. Es absurdo.
Me gustaría que alguien relevante del PSOE saliese y pidiese un arreglo. Ya he visto algún blog y me gusta. Pero para algo están los dirigentes. ¡Incluso! para las situaciones espinosas.
No sé, con el tema de Israel y Palestina desde hace tiempo que intento debatir lo menos posible. No me gustaría estar en el pellejo de los habitantes de Palestina, debe ser realmente duro. Pero no me gusta el debate público que hay en España en torno al asunto. En los medios más normales, está prohibido intentar ponerse por un momento en la perspectiva de Israel, ningún argumento vale, ni para comprenderlos, todo es propaganda militar de los judíos. Por el contrario, en los medios de derechas, o se callan estratégicamente, o le dan un cheque en blanco, que ya justificarán cualquier acción, no porque les tengan simpatía, sino porque pelean contra su enemigo del choque de civilizaciones, los árabes.
Y con un debate donde los argumentos -sobre algo tan lejano y sólo conocido por la tele- son lo secundario, y lo primero son las rotundas condenas, pues nos pasa lo que nos pasa con el Orgullo Gay, que ni se piensa al actuar. Espero que el PSOE reflexione un poco y se pronuncie.
Recrimina a Leguina la equiparación que hace de los dos bandos, argumentando que no hace falta condenar moralmente a una, la vencedora, para poder denunciar su atropello político. Porque puede haber, según él, virtud moral y perversión política al mismo tiempo en la figura del idealista -que en este caso es su tío-
A mi me parece imposible tal disociación entre moral y política. Por eso mismo me fío bastante poco del idealista en general, sobre todo cuanto más puro es y menos duda muestra ya ni si quiera de su misión en el mundo, sino de que la esté entendiendo y cumpliendo correctamente y justamente.
Es verdad que los idealistas mueven el estado de las cosas y que sin ellos nunca habría progresos. Pero tampoco grandes desgracias. Porque las tiranías, dictaduras, totalitarismos y demás fechorías políticas también tienen como pilar fundamental a su núcleo de profundos creyentes, gente con la conciencia muy tranquila y el espíritu sereno.
Por eso, miro con más admiración a todos esos personajes históricos que no son la representación de ese rebelde hecho carne, sino de un arquitecto que conoce las aristas incompatibles de los diferentes e inevitables ideales, condenados a vivir juntos en todas las culturas, y que manos a la obra, no se tira a la batalla con ardor guerrero, sino que levanta un sistema donde los impulsos morales trabajen más por la convivencia y unos objetivos mínimos comunes.
De ahí que admire ese republicanismo inicial de EEUU, hecho de contrapoderes, balanceos y mucha dinámica, con el objetivo de que ningún idealista con poder pudiese acceder al cargo de tirano, por buenas que fueran sus intenciones. O ese republicanismo posterior, que tras una guerra civil, permitió que EEUU no se dividiese en dos en todos sus aspectos.
LO QUE NOS DIFERENCIA DE OTRAS GUERRAS CIVILES
Si alguien entendió los vicios y virtudes morales y políticos del siglo XX, el potencial y el peligro de los idealistas, ese fue John Ford. Esa masa, puro idealismo, uni-idealismo, que por suerte se deshace ante un igual con buenas y diferentes razones
Los primeros legisladores o Lincoln, no son ese tío de Cercas arrojado de ideales al campo de batalla. Al revés, fue su falta de pureza-pensemos en el gabinete presidencial de Lincoln formado por sus enemigos internos de partido y sus adversarios a la presidencia- lo que le dio un futuro democrático a su país.
Fue esa mezcla de profundos valores que manejaban, más sus dudas sobre el hombre, su conocimiento de sus debilidades pero también de sus necesidades de no ser doblegado por nadie ni por nada -ideas- lo que les hizo tan grandes. Su amplia moral, su capacidad de empatía, formalizada en leyes y política.
Ganaron la guerra y no subyugaron al perdedor. Porque esa era su moral. Y quizás aquí, comparando nuestra historia con la de EEUU, sí que se le pueda hacer una recriminación moral a todos esos hombres que ganaron la guerra. No por estar en un bando ni siquiera por ganarla, ni por levantarse defendiéndose de algo que pensaban que eran un ataque directo, no por tener unos ideales, no por equivocarse políticamente. Sino porque una vez ganado la mayoría de ellos no sacó de entre sus ideales ninguna protesta por lo que se les hacía a los vencidos. Seguía la purga y se les silenciaba durante décadas.
El idealismo y la moral que ganó la guerra civil española no traía en su cesta el respeto por el del frente, ni la compasión, ni la empatía que debería haber alzado la voz contra el dictador. Ese arquetipo de joven extremeño que fue a morir al Ebro, no fue luego ante el dictador con el mismo riesgo, pidiendo algo así como la posibilidad de reconciliación con su hermano. No, hubo silencio. No sólo había defendido la moral que creía que estaba en peligro, sino que la dejaba imponer. Y ese silencio y esa imposición posterior sí que demuestran el profundo error moral -llamado vicio por los aristotélicos, o pecado por los católicos- de esa España, por muy idealistas que se mostraran.
Aun así esta es una cuestión espinosa, porque nos interesa más la convivencia y el futuro que los juicios de valor hacia el pasado. Porque la derecha puede entender que esto les exige renegar de sus abuelos y condenarlos al fuego eterno. Porque esto no es sólo una cuestión intelectual sino en muchas ocasiones de decir, reniego de mis lazos familiares. Y eso es casi imposible hacerlo y menos pedirlo políticamente, sobre todo si cuidaron y trabajaron por sus hijos y nietos de forma ejemplar. Porque uno no va a renegar de quien le ha dado una vida digna ni nadie lo puede exigir. No vas a renegar de tu pasado cuando él te ha dado tus valores, lo mejor que tienes como persona y cierto sentido de la vida.
Así que al final, esto se curará con el tiempo, cuando todas esas relaciones familiares se diluyan en las sucesivas generaciones -sino se produce un rebrote antes, por no haberlo sabido cerrar simbólicamente- Esto no se va a curar con un debate intelectual, aunque a la heredera de la posición política que perdió -liberales, republicanos, socialistas, nacionalistas periféricos y demócratas- más le vale cierta agilidad intelectual para no caer en las trampas de la ecuanimidad y la fraternidad de la derecha ni en el purismo de la izquierda. Y es una pena. Porque tendría una solución simbólica -la única posible- no excesivamente complicada.
Cierta derecha no tendría que renunciar a sus abuelos, diciendo: estos son mis valores, los que ellos me dieron, y con estos valores y estas enseñanzas no puedo permitir que sigan existiendo muertos en fosas comunes, y que además voy a reconocer lo mejor de aquel pasado, a saber, que fuese un segundo intento de democracia parlamentaria y que el ideal fuese traer las mejores garantías del sistema liberal, conseguido o no. Que incluso con sus errores y diferencias se reconozca la parte positiva del contrario al que vencieron. Creo que con esto la mayor parte de la izquierda zanjaría el debate, dejando el trabajo a los historiadores.
Pero son tan torpes o tan cerrados que no lo hacen, prefieren seguir defendiendo a sus idealistas por encima de todo, aunque sea dando la callada por respuesta. Sabiendo incluso, que el primero tendrá un lugar respetable en la historia de España. Quizás el único capaz por su respeto a las formas sea Gallardón. O Aguirre si intuye los beneficios personales de asumir tal discurso. Pero lo veo difícil, porque para su discurso público y propaganda actual les viene mejor elogiar la moral, su idealismo, y desprestigiar la política en general. Ya saben, su estado mínimo de profesionales virtuosos y moral recta. Su estrategia de fondo: fracturar los vínculos que hay entre la moral y el compromiso público.
Mientras tanto a la izquierda sólo le queda hacer lo obvio, aplicar correctamente la ley de la memoria histórica para desenterrar a todos los muertos y darles una sepultura digna. O rehacer la ley si no resulta útil. Hacer lo que se tenga que hacer sin tabúes para reparar los daños que queden pendientes, y por supuesto, no caer en los cantos de sirena que pretenden sustituir una visión pluralista de la vida política por la moral del guerrero republicano. Al fin y al cabo, aunque no sea épico, hubo algo más grande que luchar por los ideales hasta el final, que fue la posibilidad que nació en el 31 con un sistema donde por encima de los idealistas triunfaron los pragmáticos de la convivencia y la libertad.
Y no es un corto del festival de cine fantástico. Ni un debate sobre el futuro del coche eléctrico. El Club Bilderberg ha llegado a Sitges y parece que la cosa ya no es tan secreta como antaño, incluso El País hace una referencia y su correspondiente entrada wikipedia ha sido limpiada de aquellas teorías que les atribuían planes de dominio mundial, guerra bacteriológica, etc. Parece que quieren arreglar algo su imagen pública, que ya es inevitablemente pública.
En Network nos describen como unas ovejas idiotizadas en manos del capital internacional. Somos una masa irreal que vive de reflejos retransmitidos
En principio no es ni siquiera malo, o incluso es bueno, que todas estas personas con tanto poder se junten para hablar. Siempre es preferible que un poderoso dialogue con sus pares para matizar antes que entrar en guerra, arrastrándonos al resto con ellos.
Pero claro, hablar es algo que se puede hacer en muchos foros internacionales, donde si bien no hay democracia, si que se intenta preservar cierta lógica representativa con respecto a lo que hay fuera. Esto es algo más. Es un club en el que se entra por invitación y confianza. Y como todo club no solo responde a los ideales de sus miembros, sino al reforzamiento de cada uno de ellos de cara a los diferentes que están fuera. Un club siempre marca un nosotros y un ellos.
Y aquí se produce una contradicción que no entiendo, ¿Cómo políticos democráticos y dirigentes de medios de comunicación entran en un juego que se posiciona por encima de cualquier control de la opinión pública –de los que están fuera , votan y opinan-?
Yo, aunque no me suelo creer las teorías conspirativas ni los diseños inteligentes preestablecidos, tampoco me fío de lo que aun presentándose con buenas intenciones para todos no se dejan controlar ni mirar por todos los que dicen cuidar desde su atalaya. Y más cuando acaparan tanto poder junto.
Quizás habría una excusa. El republicanismo, la visión del mundo liberal y el periodismo crítico nacieron para ejercer el control del poder, para diluirlo en una pluralidad de actores, para llevar a la máxima expresión la libertad de pensamiento. Sin matices. Pero también renació en los EEUU de la mano de masones, o en Roma de manos de poderosos y discretos hombres temerosos del tirano, o en Italia defendiendo un Príncipe mquiavélico frente a esas casas señoriales caprichosas y arbitrarias con sus feudos. Como la democracia en España vino en gran parte de una oposición clandestina que terminó pariendo nuestra Constitución. Pero no me deja esto satisfecho, esas organizaciones estaban en el origen y diseño de algo más o menos bueno y públicamente controlable, daban un hijo al mundo que ya no podían manipular. Mientras que estos señores ¿Están decidiendo como hacer que el mundo controle los mercados financieros? o al revés ¿Están viendo cómo sacar provecho? ¿Tienen una moral por encima de su equilibrio de poder cuando la excusa de la guerra fría se acabó hace tiempo?
Existe unicamente un gran sistema de sistemas. Un basto y salvaje entretejido, intercalado, multivariable, multinacional dominio de dolares.
PS: Hoy deberían poner en tve1 Network, un mundo implacable.
Escrito para rastrear liquidez y deuda. Diseñado para sondear mercados electrónicos y parasitar sistemas sin defensas. Evolucionado para replicarse en entornos estables y para quemar lo inestable hasta que se queda quieto por inerme.
Pues está claro lo que piensa, que mejor está poniendo sus electrocrías donde se fabrican los Ipads que donde se consumen.
Y lo llaman especulación, cuando son simplemente matemáticas. Nada personal.
Torrejón de Ardoz se ha llenado de cámaras, de cachirulos policiales, de declaraciones políticas que navegan entre el buenismo paternal y la xenofobia, de guardaespaldas con pinganillo, de verjas y más verjas en espacios públicos y de todo lo que uno se pueda imaginar salido de la tienda del Coronel Sherman.
La mayor parte de estas acciones son pura estética. La inutilidad general de todas estas construcciones la describe muy bien Jorge en su loa a los cachirulos policiales. Sólo sirven para levantar un decorado, el de las verjas que avisa que existen diferencias sociales entre barrios tan grandes que pueden llevar a los pobres a cruzar la carretera en busca de las alfombras de la clase media, el del empadronamiento que no afecta en nada al flujo de inmigración, sólo a su falta de control y a la medalla que porta el Sheriff que asegura la ley y la higiene, o él de las cámaras, que con su multimillonaria inversión ahora estará al servicio de la liquidez de un ayuntamiento tremendamente hipotecado.
Con el agravamiento de que la seguridad a nivel local es la que menos controles internos y legales tienen. Desde sus responsables políticos a los policías locales.
Si bien está clara la necesidad de una policía porque existe delincuencia o de una mejor convivencia allí donde hay malestar, el atrezo que nos han levantado se muestra bastante inútil, e incluso deja la sospecha de volverse peligroso por no poderse controlar como se debe. Pero esto no importa, porque lo que le interesa a la derecha es la estética del miedo.
Para muchos opinólogos que ayer Belén Esteban ganara el concurso de baile de T5 fue una demostración de como en España triunfa lo cutre o el victimismo. De como se lanza al triunfo a alguien desde la televisión y las campañas por encima del trabajo y del talento. Vaya, de nuestra condición patria. A mi, su victoria más bien me demuestra el poquito nivel de los análisis de nuestros sociólogos de periódico, o las pocas ganas de profundizar cuando se puede emitir un juecio rápido y rotundo.
Mira Quien Baila es un programa de famosos que dan clases de baile y al final dan su recital. Muchos han creído que lo importante es como tenían que mejorar estos famosos y en su resultado final. Y no en el hecho de que son famosos. Qué es lo que da la audiencia. No quieren entender que el público de Edurne, el hermano de Jesulín y el de Belén no es el público del ballet Bolshoi ni el de la camarilla de bar del Real Madrid - Barca. Que la gente lo ve por entretenerse, porque ven gente conocida tan torpe como ella misma aprendiendo algo que la mayoría hacemos mal, porque quieren ver un determinado baile o escuchar una determinada música, porque hay que matar el tiempo antes de ir a dormir.
El que analiza su victoria ve que el público se ha puesto de su parte porque el pueblo se identifica con ella, porque la prefieren a ella, el pueblo hecho carne, a un jurado experto que en su estiramiento sabe lo que hace. Que preferimos al torpe de los nuestros que al listo que nada tiene que ver con nosotros. Es nuestro Bush y ese estirado de Kerry.
Estos expertos en famoseo, o expertos en cosas muy importantes que opinan de la farándula desde su pedestal, no hacen más que repetir una forma de análisis tan poco aguada como se hace en política con las encuestas y los resultados electorales. Eso de que UPYD quita un poquito de allí y un poquito de aquí ¿un poquito? ¿Cuando su aumento electoral correspondió a las perdidas del PSOE? Eso de que el anuncio de los recortes rebaja en 10 puntos la valoración del PSOE ¿el anuncio? ¿el tardar en hacerlo? ¿el no hacerlo más profundo? ¿el modo en que se hace? ¿Su explicación? ¿Que se estuviera intentado no llegar a hacerlo y al final se tuviese que hacer? ¿cancelando cualquier otro tipo de causalidad?
Es verdad que las interpretaciones de los datos no son fáciles. Que cada uno opina como opina de la selección de fútbol. Y que al final se da valor al análisis de los que se supone que saben del contexto sociológico o político que se aborda, análisis que intenta confirmar sus tesis de siempre en vez de ver datos nuevos para afinar lo que siempre dijo.
Sí, el buen camino sería dar interpretaciones que van abordando todas las causalidades y van cerrando ramas. Hasta llegar a causalidades directas y no a ideas de fondo. Pero eso no es lo que pasa.
Cuando uno ve la votación de Mira Quien Baila se debería preguntar por quien vota. Con su perfil, debería ir a preguntarle que espera él de un programa así y porque se acercó inicialmente. Debería ver que le parece ya no sólo Belén, sino un jurado de estrellas que se decida a amonestar a famosos y no a jóvenes talentos en una academia -Eso, si descartamos que no sea un tongo televisivo-
Quizás, con buenas preguntas uno vería que la gente no es tan tonta como algunos quieren hacer ver. Que la gente no se cree el rollo de unos expertos haciendo un programa de famoseo. Como no se tienen que creer a un político haciendo de experto cuando no lo es. Por más que tenga en frente a un granjero tipo Bush.
La gente, en masa tenemos bastante predisposición a movernos como una manada peligrosa, pero día tras día, viendo y escuchando nos volvemos inteligentes, después de muchos programas, intuimos que Mira Quien Baila es un prefabricado que nada tiene que ver con el trabajo duro o la excelencia. Que sí, que tiene su esfuerzo, su gracia, incluso su espectáculo. Pero que el voto, que en esta caso cuesta dinero, no se va a dar a quienes pretenden engañar, y más si el voto puede demostrar que el electorado está por encima de quienes intentan marcarles el camino. Y si para eso hay que votar a Belén Esteban se la vota.
En política, esto se refleja en que muchas veces se vota más contra el que te intenta manipular de forma burda, que eso otro que muchos iluminados denuncian, el hecho de que la mayoría vota porque se la manipula. Al contrario, la gente vota buscando que la manipulen lo menos posible, especialmente si llevan tiempo viendo y escuchando. De ahí que chirríen tanto los discursos que más que ofrecer se ocupan plenamente del contrario o que hagan una loa de lo hecho por el propio bando. De ahí que no creo que el PP saque el más mínimo beneficio en postularse ahora como el partido de los pobres, por mucho que sus expertos lo puedan ver reflejados en las encuestas. Como tampoco valorarán que el PSOE no sea firme en lo que tenga que ser y así considere, porque las encuestas varíen.
PS: Para que la propaganda y el ruido triunfen hay que buscar que el electorado piense lo menos posible. Cosa que se consigue hablando muy alto y preparando noticias que aturdan. Y esto también triunfa en ocasiones. Aunque tiene un antídoto muy básico: apostar por la inteligencia del votante, hablando, debatiendo, incluso metiendo la pata en público, dando cosas que ver y escuchar, más allá de la frase hecha o la interpretación que más me conviene en el corto plazo del corto televisivo.
La gente se tira de los pelos por lo que iba a ser una congelación de las pensiones. Y que ahora parece que se va a supeditar al nivel de crecimiento que se alcance.
Todo el mundo sabe, o intuye, que la economía no crecerá mucho el año que viene, y que por tanto la revalorización sería nimia. Pero todos, desde derecha a izquierda, dicen que eso es atacar a los más débiles. El PSOE recuerda que han sido ellos los que han devuelto las subidas progresivas y continuadamente durante años -que es como se les da dignidad a las pensiones-, pero parece que eso no es suficiente para el nuevo PP de los pobres ni para la izquierda de los puristas.
Y no lo entiendo, porque unos euros más o menos, no deberían ser la causa de tanta vehemencia. Sí, claro, al pensionista le importa, sobre todo al que mal vive porque tiene una pensión y un entorno que le situa en la pobreza, por una dura situación familiar, por la soledad, por el aislamiento que trae la ciudad, por la cada vez peor asistencia sanitaria -si vive en Madrid- Etc. Pero esto, es precisamente lo que demuestra que el que se indigna y levanta la voz no es más que un teatrero, que sabe que la vida de los pensionistas que menos tienen va a seguir igual haya subida o no el próximo año.
Un político decente, al día siguiente de anunciarse estas medidas, se pondría a trabajar en como sus propuestas municipales y autonómicas, puedan convertirse en una ayuda para jubilados que peor lo pasan. Desde el PP de Aguirre en Madrid, trabajando en favor de los servicios públicos que atienden a los ancianos, hasta los diputados y concejales del PSOE, remando en la misma dirección que viene desde arriba. Proponiendo y innovando desde la asistencia social a la soledad, sin gastar más de lo que se tiene. Y con la oportunidad de que en un año llegan las elecciones. Pero claro, eso requiere imaginación, hambre política y liderazgo, sabiendo que la solución no puede venir de invertir más, sino de sacar más. Como la del que monta una empresa competitiva, que hace lo que hacen todos, pero con menos recursos y métodos nuevos.
¿Será eso mucho pedir? ¿No merecería más la pena un debate público de este tipo que tirar del populismo? No lo sé, pero a mi me demuestra que la decencia de un político no sólo tiene que ver con su pose ante las injusticias, sino con su capacidad de dar respuestas nuevas que no estén basadas en invertir unos pocos euros más.
PS: Un ejemplo de regla que seguiré para evaluar a un político: Si tiene responsabilidades municipales y autonómicas y su discurso va principalmente sobre sus imaginaciones sobre las políticas de estado, será malo; si su discurso es como trabajar a partir de las políticas de estado, empezará a caerme bien.
Estos días se escuchan muchas valoraciones sobre el supuesto giro ideológico de Zapatero. Que sí Zapatero a matado a ZP, que si Zapatero ahora se hace amigo de Boyer y se ha rendido ante los mercados. Dicen que ha pasado del cuidado republicano a la ortodoxia liberal.
Tenemos una derecha tan tan tan hábil que incapaz de amortizar algo de estas decisiones, se lanza a intentar sacar réditos de los perjudicados por las últimas decisiones. Haciendo algo bastante típico en nuestro panorama político, que consiste en lanzar declaraciones oportunistas según lo que pase ese día con tal de tener un titular. Bueno, ninguna novedad.
Pero también tenemos cierta izquierda puritana que sigue la misma consigna, repitiendo aquello de que la izquierda gobernante se ha rendido al mercado. Lo que queda muy bien como frase para titular, como dibujo simple poco representativo pero comprensible, y como mentira de la que alimentarse.
Esta acusación es falsa, porque primero, el intentar reducir el déficit es precisamente minimizar nuestra dependencia de los agentes que compran nuestra deuda, es decir del mercado -sí, más estable que la bolsa, pero mercado igualmente- Porque si no lo hiciésemos y si comprometiésemos nuestra recuperación a un déficit elevado sí que estaríamos apostando por una operación altamente especulativa. Cuando dicen, no os olvidéis de Keynes, seguir invirtiendo en lo público en base al déficit, están suponiendo -especulando- que las inversiones que hagamos van a activar nuestro mercado interno con el que tendremos luego que pagar, pero ¿Podemos arriesgarnos? ¿Cuando la UE tiene que poner un fondo altísimo -y quizás insuficiente- de respaldo? ¿Sin saber que inversiones serán las beneficiosas en el futuro? ¿Sin saber cual es el recorrido de la crisis? ¿Eso no es especular con un capital que no nos pertenece?
Además las malas consecuencias de un endeudamiento excesivo son múltiples. Desde que la caída constante del euro hasta su posible desaparición. Aumentando mientras tanto la incertidumbre que reina. Cada punto de déficit “mal invertido” se puede convertir en más déficit, haciendo más inviable proyectos que en un principio deberían ser sostenibles por el estado mismo -a partir de su producción y sus impuestos- Aumentando con ello la inestabilidad interna de cada país, derivando sus temblores a las empresas privadas, sus créditos y sus instituciones, y poniendo a Europa en una inferioridad competitiva con respecto al mundo entero.
En una situación así, reclamar el déficit para seguir haciendo la misma inversión pública que se ha hecho hasta ahora, es reclamar que la financie un mercado inestable, inmerso en partidas rápidas donde los jugadores se están volviendo a reconocer y donde nada es lo que antes parecía. Decir que se tiene que mantener el nivel de déficit sí es afirmar nuestra mayor dependencia al mercado. Aumentar el déficit es la apuesta de un jugador compulsivo.
En un momento así, saber cuanta tiene que ser la inversión para crecer y cuanto tiene que haber de reducción de gastos, no va a ser un hecho de izquierdas o derechas, sino de política de estado y sobre todo de prudencia ante un monstruo al que no le hemos visto todas las cabezas. Otra cosa será la estrategia a largo plazo con los ajustes que se hagan ahora, que sí será sobre la redistribución. El como se tratarán las oportunidades y los derechos de una ciudadanía bajo estos reajustes, algo que ahora es difícil de ver desde dentro del huracán, porque el horizonte no está claro.
PS: Si el horizonte no se ve hay que tirar de claridad de conceptos.
Creo que es razonable repartir el sacrificio. Sí, es dura una bajada de sueldo, pero peor es el riesgo constante de paro. Y el presente de los trabajadores no debería estar basado en una decisión inicial, si es que se puede tomar, de ir por lo público o lo privado. Si no también por los resultados generales del sistema. Si la posibilidad de paro para una gran parte de los trabajadores es enorme, las rebajas de los sueldos de los funcionarios no deberían ser un tabú.
SIN EXCUSAS
Claro, se puede pensar, por qué tienen que recortarles a los funcionarios y no a los ricos, especuladores o defraudadores. Algo con lo que yo estaría de acuerdo, pero en otro momento. Porque salir con una medida así me sonaría a huida ciega hacia delante. Con sus problemas.
Perseguir a los ricos desde una tribuna parlamentaria y como medida urgente de la presidencia del gobierno -y no como una reforma impositiva general y justa a largo plazo-, sonaría a caza de brujas populista, e ineficaz. A ocultar un problema sistémico es una parte. Y ahuyentaría aun más la inversión externa e interna. Por no decir que sería una excusa de la que no podríamos vivir mucho tiempo.
Perseguir la especulación, la economía sumergida y el fraude general sería, por sí sola, anunciada como el objetivo principal del decreto, o como una parte importante de la solución, otra medida que empeoraría el panorama económico. Sí, dicen, este dinero sucio representa un porcentaje de la economía general, incluso tanto como el necesario para recortar el déficit. Pero, es que ese dinero no se recupera por decreto. Primero habría que tener la claridad de que una vez convertido en limpio tendrá el mismo volumen y segundo, habría que tener la seguridad de que esa persecución, captura, juicio y aplicación, fuese a tener un efecto inmediato. Sería todo un invento, la justicia financiera inmediata. Única el mundo. Por el contrario, me temo que esta deseable reforma, implicaría tiempo, mucho más del que tenemos, que además, parte del dinero defraudado se perdería en el camino de su limpieza, porque parte de él cruzaría la frontera a golpe de “Intro”, y que al final no serviría para resolver el problema.
Si bien, tener un sistema impositivo justo y una economía sana y transparente, son objetivos fundamentales, no son soluciones que salven el sistema. Si estas medidas son necesarias es por su carácter justo. Y sus beneficios serán un añadido maravilloso si se consigue. Pero no son la medicina del juego del que no podemos bajarnos -al menos yo no sé como- Así, sabemos y aceptamos que el sistema que tenemos es capitalista y que se mueve dentro de un flujo temporal y un contexto que pide medidas ya. Cosa que asumen hasta los sindicatos, recordando que recortar el sueldo frena el consumo y aminorar las inversiones públicas atenta contra la productividad.. Porque acuden al consumo y a la producción, no a la dignidad del trabajador, no al discurso obrerista, comunista o alternativo.
Y claro, si aceptamos que estamos en un sistema capitalista -con mayor o menor ambición de ir reformándolo- sabemos que este rompecabezas va por partes y se interrelaciona por todos los sitios. Bajar el sueldo a los funcionarios, frenará su consumo, pero no bajarlo implicaría subir los impuestos, tanto para pagar esa parte que ahora desaparece como para ese depósito de más que ahora tiene el estado para moverlo. Subir los impuestos implicaría que la otra parte de los trabajadores se sometiesen aun más al riesgo del paro, la injusticia laboral, la explotación, etc. Con lo cual el consumo se ralentizaría más si cabe. Por no decir que la capacidad de inversión pública se vería más mermada.
NO ES BUSCAR CHIVOS EXPIATORIOS, PERO SI EL MOMENTO
No entiendo estas medidas como una venganza ahora que se puede contra esa figura del funcionario vago, que trabaja poco y le da igual la crisis o el destino de la nación. No creo en esa figura, me pasé dos años en TI de una universidad pública, y sé que hay gente competente en lo público como hay gente muy vaga, quizás con una diferente distribución y adaptación con respecto al panorama privado, pero no de una forma categóricamente diferente. Por no decir que prefiero a un médico o un profesor de la pública a uno de un cuchitril madrileño de la privada.
No, no es una venganza, es distribuir la carga. Quizás, ahora con el tiempo justo, sea el único momento que se puede hacer algo así, contra un gremio donde si está implantado el sindicalismo, el sentido de pertenencia a cierta clase, y donde la movilización es más favorable o menos peligrosa que en cualquier otro trabajo.
Antes, sin los golpes de las últimas semanas, quizás no se hubiera podido hacer. Hay que cuidar tanto la estabilidad económica como la social o política. Porque son interdependientes. Por maquiavélico que les suene a los puritanos de los dos bandos. Pero ahora tocaba.
SINDICALISMO DE CLASE, NO DE CLASE OBRERA, SINO BUROCRÁTICA
Recordemos que el funcionario también creció, aunque sea al menos en número de plazas, durante la prosperidad económica. Qué el no es un examen y una casta, sino otra parte más del sistema que formamos todos. Y que por tanto no puede vivir aislado de la coyuntura. Perdón, recordémoslo frente al sindicalismo, porque yo creo que la mayoría de los funcionarios si tienen conciencia de pertener a algo mayor que lo está pasando francamente mal. Porque, su familia esta fuera de la función pública y saben por lo que pasan y porque muchos de ellos sí que tienen conciencia no sólo de trabajadores de un gremio, sino de servidores públicos. Algo que no identifica, tengo la impresión, a los sindicatos que no han esperado lo más mínimo a anunciar huelgas.
Muchos sindicalistas han debido pensar: si no actuamos ahora perderemos cualquier tipo de prestigio. Por no decir, que que perderían su principal red estable de sostén, el empleado público. Pero es que ese prestigio guerrero, hace mucho tiempo que se perdió. Con un 20% de paro ya no vale llamar a la contestación. Con un estado de derecho que los subvenciona, ya no vale. Si adoptaron hace ya, la senda de la prudencia, no parece que ahora valgan cambios.
Primero porque al parado de la privada aumentará sus recelos sobre el sindicalismo, el trabajador no funcionario lo mirará con indiferencia y con cierto amargor si encima tiene que sufrir deterioros en sus servicios, que a veces son tan básicos como poder dejar al hijo en el cole para poder ir a trabajar o ir al médico. Y será una gota más en su distancia sobre un sindicalismo que no entiende porque no habla el mismo idioma que él.
¿Y el trabajador público? Bueno, el funcionario sabe perfectamente como se mueven las redes sindicales en su institución. Si bien, es consciente de que sin ellos se estaría peor, también lo es de que no les mueve ni el idealismo ni la retórica que utilizan. Con una brecha incluso más general que la que tienen los partidos de izquierda entre discurso y acción. El trabajador público seguirá viendo el sindicalismo con cinismo y eso sólo rendudará en una cosa, en que este sindicalismo nunca tendrá su apoyo para reformas mucho más importantes, profundas y arriesgadas dentro del sistema, en aras de algo más justo y menos salvaje. De él espera beneficios proporcionales como espera el inversor de bolsa. No una causa justa en el trabajo o la economía.
EL DILEMA DE LA IZQUIERDA LIBERAL Y LA IZQUIERDA DE CLASE
El sindicalismo y la izquierda, tienen ahora un dilema. Si optan por reutilizar una retórica vieja en una reacción obvia pero suicida. Seguiremos siendo clandestinos, nuestro lugar son las barricadas y lo nuestro es puro sacrificio. Lucharemos contra el gobierno. O si mantienen unos valores originales adaptados a un nuevo panorama: la izquierda como gobierno, el sindicalismo como ente protegido, cuidado, e impulsado por el propio sistema.
El sindicalismo tiene una opción de oro. En la reforma laboral pueden implantar el sindicalismo en todos los ámbitos laborales, como compensación a estos recortes o los que se ven venir en el mercado del trabajo. Puede implantarse como una red difusa entre todo tipo de empleados, que sirva de malla entre el sistema, la empresa, la economía y el trabajador. Puede ser parte de la transparencia y de la denuncia del sistema desde dentro. Pero dudo que la aproveche. Como la izquierda en horas bajas, me temo que tiene más de red clientelar que de ideales. Especialmente en lo público, donde el sindicalista no debe ser un tipo arrojado, sino un buen RRPP. Ójala me equivoque. Ójala el resto del sindicalismo, más arriesgado, les pida un esfuerzo para crecer por otro lado. Ójala.
PS: Para que el sindicalismo se propagase necesitaría un sentido más estratégico de sí mismo. Más global, y no de reinos de taifas, o honorables tribus guerreras con sus propios líderes o intereses. Deberían mirar porque la Iglesia sí se propaga y su alcance no se perdió en los primeras décadas de su explendor. La Iglesia, que nunca le haría una manifestación a la derecha, pero que estaría atenta a que se fuesen cumpliendo ciertas cosas nacidas de los ideales compartidos. Cosas que sólo serían viables con un gobierno afín que ella ayuda a levantar. En fin, Mucho pedir, ellos al menos tienen fe en sus ideales. Aunque se engañen.