Dice Boyero en el El PaÃs que Invictus es una pelÃcula olvidable. Entre otras razones porque:
Eastwood está infinitamente más dotado para plasmar los claroscuros y bucear en lo sombrÃo que para hacer apologÃas de la luz, del triunfo del humanismo a pesar de los pesares. Su arte siempre ha sido penetrante y memorable cuando habla de derrotas y de infiernos.
Como si el claroscurismo fuese la platilla de lo bueno y de lo malo en el cine. Ya saben, esa idea que ahora triunfa y que dice que una buena obra no hace a los buenos tan buenos ni a los malos tan malos. Sino que hay que mezclarlos. Vamos, como si la pelÃcula hubiera sido mejor si hubiese sacado una tarde de cabreo de Mandela o un encontronazo sangriento en algún rincón olvidado sucedido de forma paralela a la historia.
No entiendo estas crÃticas. Es más no suelo entender las crÃticas que se suponen formales. Las de los detalles. O los intelectualismos sobre las estructuras. Eso en todo caso son observaciones de campo o detallismos de café. Esa deliciosa, entrañable, profunda, emotiva, agradable, estimulante o soberbia adjetivación sin sustancia -aristotélica- Las crÃticas son otra cosa. Una crÃtica es comenzar un ensayo o una idea a partir de una obra. Para continuar con lo tratado, con sus consecuencias, o para meterse dentro, para ver sus raÃces. El claroscurismo sólo es un patrón si se explica de qué se habla. ¿Fue la historia de Mandela claroscura? y por tanto esta biografÃa es realista o no ¿Es la condición humana claroscura? y por tanto esta pelÃcula es una buena representación del hombre o no ¿Es necesario a cualquier obra de arte ser claroscura? y por tanto esto es arte o simplemente una hagiografÃa. ¿Desde dónde habla el crÃtico? ¿Desde lo histórico, lo moral o lo artÃstico? O es simplemente un ejemplo de mal periodismo que se permite la confusión de todos los niveles para poder salir del paso.
Una buena crÃtica de la pelÃcula hablarÃa de muchas cosas y poco del claroscurismo. La criticarÃa o no en función de lo que propone y no de lo que se le supone desde la atalaya. A saber, si habla con acierto del perdón, de la necesidad del mirar hacia delante con pragmatismo olvidando parte del pasado. Si es moral atender a los miedos de los verdugos. Si eso que dice podrÃa servir para el debate en España sobre la memoria histórica o sobre la integración de la inmigración.
Desde luego esta pelÃcula da para discutir largas horas, muchas más que aquellas sublimes, deliciosas y entrañables.



