Hasta el dÃa que inventemos la fusión frÃa verde parece que no vamos a poner disponer de la autarquÃa. Porque en algo tan básico como la energÃa somos unos grandes dependientes, nos debemos al mercado internacional. Por no decir que nuestros propios productores y nuestros consumidores prefieren lo de fuera a lo de dentro. Especialmente en aquello que representa el futuro: la tecnologÃa.
Estamos en ese juego. Queramos o no. En ese juego de capitales volátiles, inversores fantasmas, juego sucio y grandes estados apostando fuerte hacia su producción. La tarea es inmensa y de larga duración: aumentar nuestra industria, hacer que esta mire hacia fuera pero se provea de tecnologÃa aquà dentro, y conseguir todo lo previo para ello: aumentando el capital humano y la cultura de organizaciones inteligentes que jueguen al buen producto y no a intensificar la mano de obra -salarios bajo- Tenemos que buscar nuestra utilidad en el mundo, en el mercado global, ramificándonos por él.
Lo cuentan muy bien en El PaÃs: Se necesita una economÃa exportadora. Conectando muy bien la ilusión de una nueva economÃa cuando no tenemos un sistema educativo fuerte. Y añadirÃa yo: por la falta de preocupación de las empresas por el conocimiento y la formación de sus empleados.
Ahora que el gobierno va a apostar duro en cuanto a los préstamos a las pymes y en la regulación del mercado laboral, quizás tendrÃa que mirar dos cosas:
Una, incentivar las empresas exportadoras, haciendo que el estado mismo sea el demandante de estas empresas -a través de Fomento, Industria y sus empresas públicas- para que tengan una estabilidad financiera a cinco o diez años y a su vez ellas se conviertan en el eslabón de otras pymes que operen a menor escala, para que el crecimiento sea capilar y sostenible, para que la banca pueda confiar en la devolución de sus préstamos -sabe que dos o tres pasos más allá está el estado pagando- y para que la universidad puede engancharse a su trabajo ofreciendo I+D.
Dos, incentivar que en el mercado laboral las empresas tengan la obligación de formar a sus empleados, por baja que sea su categorÃa y por innecesario que le pueda parecer a la empresa.
El consumo interno no nos va a salvar. No vamos a despegar si sólo nos fijamos en impulsar las pymes y en aflojar el mercado laboral. Tenemos que ir más allá y posiblemente el estado no tenga que hacer tanto de banca como si principal consumidor -o consumidor original y constante- de una cadena capaz de salir de nuestro paÃs.
Si me aceptan la reflexión de bar…



