Que la gente que ha perdido un ser querido pida la cadena perpetua y no la pena de muerte dice mucho de este paÃs. De las razones que ha asumido la gente pese a lo que le pide su naturaleza y su dolor.
Pero mientras la pena de muerte es refutable por principios, la pena de por vida, conlleve o no un cambio constitucional, o sea imprudente polÃticamente, es objeto de un debate legÃtimo. Incluso pedirla no encierra ninguna gran contradicción moral ni serÃa un paso atrás en términos de derechos.
A diferencia de la pena de muerte, que es irreversible tras su ejecución, por muchos datos posteriores que aparezcan y la cuestionen, y que además atenta directamente contra uno de los derechos básicos que está al fondo de cualquier orden constitucional –el derecho a la vida digna; el otro es la libertad- La cadena perpetua es revisable y concede el mismo respeto a la vida que cualquier otra condena. Por lo tanto ,supera las dos grandes objeciones que tiene la pena capital en términos morales.
Desde otra perspectiva más legal o sociológica, se objetará que la prisión nunca está para castigar, sino para reinsertar. Y que por tanto, al encerrar a alguien de por vida, se estará violando este objetivo básico. Pero no creo que el sentido de la prisión sea exclusivamente la reinserción. Incluso si todo código penal o toda constitución evitase el termino castigo, su historia, su interpretación cultural y su demanda individual tienen otra naturaleza.
La justicia administrada por el Estado desde siempre tiene un primitivo sentido de reparación que nada tienen que ver el mito del buen salvaje que alimenta la idea de reinserción –ese que dice que la naturaleza humana es buena y sólo se tuerce por la sociedad, pero que tras una buena educación se reconduce a su natural bondad-
Un sentido de reparación que viene del salto desde la tribu al estado. De suministrar la reparación a través de una espiral sin fin de venganza –que tanto les puede maravillar a algunos multiculturalistas- se pasó a que la fuente de los ajustes de la balanza fuese ejercida desde la ciudad-estado y luego el estado.
Esta sensación de que algo se tiene que hacer con quién te ha hecho daño es lo que movió la aparición de la justicia. Con el añadido de que se cortaba de cuajo el ciclo de sangre entre familias enfrentadas y que además se introducÃan las razones de estado en la administración de la pena.
Cuando se dice que sólo se tiene que atender a la reinserción y nada más, se elimina de la justicia a la vÃctima o a los agraviados. Donde antes habÃa un binomio ahora se impone el estado. Pretendiendo que quien ha sufrido pueda levantarse por encima de su dolor y renunciar a cierta reparación, porque lo importante es hacer del asesino un buen ciudadano.
Como siempre Rousseau nos dejó un virus escondido detrás del lÃmite progreso traÃdo por el Leviatán bueno. Asà que mejor no llegar a este lÃmite.
Es necesaria la reparación –satisfacción y tranquilidad- de las vÃctimas y de quienes simpatizan con ellas. Y es necesaria una buena administración de justicia. Y sin tener que renunciar a ninguna de ellas se puede defender la pena de 30 años sin tratar la cadena perpetua de atentado al derecho ni al progreso.
Posiblemente no serÃa razonable –en términos polÃticos y administrativos- abrir el melón de la cadena perpetua y decidir que cae en ella y que no. Probablemente causarÃa más problemas e injusticias que las que repararÃa. Además serÃa otra excusa para abandonar el trabajo de reinserción ya de por sà abandonado a los test psicológicos y a la puntualidad en el comedor. Este trabajo aunque no lo es todo, es muy importante, y marca nuestro grado de civilización como sociedad. Porque aunque creamos que hay gente mala e irreparable, pensamos que la mayorÃa de los que han actuado mal se ha debido a la estupidez o a la ignorancia en gran medida. Y que todo el mundo se merece varias oportunidades en la vida, porque vamos cambiando mucho con el tiempo. Además, para los casos más graves e incurables, parece que 30 años a la sombra, les hará salir viejos y con pocas fuerzas ya para hacer nada. Y si aun asà son temibles, pues que se les vigile, y si esto falla quizás descubramos si la cadena perpetua es necesaria o no.
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A veces posicionarse en función de principios frente a propuestas de este tipo, como la que le ha hecho el padre de la chica asesinada recientemente al Presidente del Gobierno, hace un flaco favor a los principios y a lo razonable polÃticamente. Es mejor decir: como paÃs no nos conviene y dejar abierto el debate, que intentar cerrarlo dejando mal heridos los principios por mal utilizados, perdiendo a su vez la oportunidad de recordar que cuando se castiga se atiende a las vÃctimas y a la sociedad entera y que hay que buscar un equilibrio entre estas dos sin dar más peso a una que a otra.

Ya saben el canon progresista -del que forma parte-
a) Derecho del estado israelà a defender su población y b) defensa siempre respetando lo más parecido a los derechos humanos en esta situación: las leyes internacionales.
Y el canon conservador:
a) y siempre a) mirar para otro lado, o quizás dar la razón sin mucha efusividad manteniendo las formas, porque los árabes les causan cierta desconfianza.
Como el canon progresista, dicho sólo asÃ, me lo creo y más con lo que estamos viendo esto dÃas, participaré en la manifestación del domingo. Pero, como para mi ese canon necesita de matices y de compromisos de verdad, por lo menos me desahogaré aquÃ, ya que tampoco estoy de acuerdo con las bienintencionadas reacciones –porque como toda reacción, engendran a su contrario-
Derechos humanos.
Las cuestiones de derechos humanos, especialmente las que tienen que ver con la muerte de civiles –es decir, aquellos que no están entregados a ninguna acción directa de matar a nadie- la doy por fundamentales aquÃ. No sólo por seguir el precepto aquel de tratar a todos las personas como fines en sà mismos, sino también porque no acepto que matando al enemigo se proteja a los nuestros; porque cuando se produce la encrucijada –virtual- de decidir que vidas humanas son más importantes para salvar y cuáles tienes que perecer con tal fin, ellos o nosotros, siempre podemos tener una razón precisa en contra: no existe solución diplomática o militar en la historia de la humanidad que diga que la muerte de inocentes que acarreó, fue absolutamente necesaria para solventar el problema anterior. Ningún conflicto solucionó un múltiplo de 100 muertes a cambio de perder un múltiplo de 10 en una guerra. Más bien al contrario, las guerras producen que donde antes se perdÃan 1, durante y después del conflicto se pierden 1000 o 10.000 o 100.000 o más. ¿Y si me equivoco mándenme el ejemplo por favor?
[Por lo demás esta es la razón que ha dado Zapatero, siempre muy preciso en estas cuestiones. Aunque no esté muy de acuerdo en algunas cuestiones de polÃtica internacional ni en alguna manera de defender la Alianza de Civilizaciones –demasiado bienintencionadamente- está claro que Zapatero es el único lÃder de un estado occidental que sigue utilizando la ética en polÃtica internacional en temas complicados. A pesar del coste que tiene en nuestro mundo el uso de la ética.]
Los problemas aparecen cuando vamos más allá de esta defensa de los derechos humanos. Y me refiero con problemas al hecho de que teniendo un presidente con una buena referencia ética y un paÃs con lazos importantes con las dos partes, somos incapaces de aportar a una futura solución. Simplemente en el colmo de la ingenuidad pedimos el estado palestino ya, la seguridad israelà y la concordia de los pueblos, cuando eso es precisamente a lo que deberÃamos aportar mojándonos y no exigirlo desde nuestra cómoda posición como si fuésemos jueces.
Si nos preguntamos ¿Qué hacer y no qué exigir? Nos encogemos de hombros no ¿Por qué? ¿Es un problema irresoluble? ¿No hay naciones que hayan superado enfrentamientos con componentes religiosos? ¿O por el miedo por la seguridad nacional en el que buscar el futuro de Israel? ¿No hay pueblos que hayan superado la miseria hasta crear ejemplos de prosperidad en los que mirar el futuro de Palestina? ¿Acaso el respeto de los derechos humanos para minorÃas no es un logro posible? ¿Qué Israel tenga un 20% de árabes viviendo en su interior no deberÃa ser un indicador desde el que trabajar?
Pero no, exigimos y nos dejamos muchas veces llevar por las reacciones.
Contra las reacciones.
El peor enemigo de los derechos humanos es la instintiva reacción humana. Nuestros sentimientos y nuestra cultura nos dan elementos para defender los derechos humanos y también proporcionan lo necesario para ir contra ellos. Entender esto –y estudiarlo- es básico a la hora de arreglar enfrentamientos y deberÃa ser un faro encendido cada vez que tratamos guerras o conflictos.
PodrÃamos arriesgarnos a decir que la mayorÃa de las personas tienen cierto sentimiento de empatÃa con los demás –sabiendo que esto va por grados, y que incluso aquà existe el cero absoluto entre algunos homo sapiens con los que convivimos-
También podrÃamos decir que muchas de las culturas y las civilizaciones tienen teorÃas sobre el respeto a la vida humana –aunque también por grados donde de nuevo existe su cero absoluto: señalando como inhumanos a los de la tribu que se tiene enfrente desde tiempos atávicos-
Pues bien, estos sentimientos de afinidad y estas normas morales o sociales que son un anticipo de los derechos humanos, son completamente suspendidos cuando entra en escena la reacción. El sentirse vÃctima, ya sea por algo hecho en contra de nuestra integridad o intereses, o en contra de aquellos con los que compartimos identidad u objetivos, puede bloquear cualquier lazo de afinidad, respeto a los derechos o el respeto a la vida del que tengamos en frente. Y no sólo esa reacción es una barrera, sino que pone en marcha lo contrario, el ataque.
Esto es algo instintivo, primario, consustancial a todo hombre. Por eso, cumplir con los preceptos morales kantianos es el mayor esfuerzo vital que puede realizar una persona. El tratar a los demás como fines en sà mismos y no como medios. Y lo que es más complejo aún: averiguar cómo implementar esa norma abstracta en cada cambiante e imprevisible situación concreta.
¿Por qué esta propedéutica filosófica?
Muy sencillo, parte de la defensa de los derechos de los palestinos que practicamos los televidentes europeos, tiene que ver con nuestros sentimientos de empatÃa y nuestras ideas morales; pero también parte de nuestra defensa es reacción y deberÃamos ser capaces de eliminar este componente o almenos controlarlo, porque como dijimos al principio, la reacción da a luz lo contrario de la causa por la que se trabaja. O peor, da la razón a los que defienden las acciones militares y el conflicto armado sin fin.
Asà una de las cosas que llevo escuchando estos dÃas en la radio y leyendo por internet, es que cuatro misiles lanzados por Hamas son un pequeño pecado. O peor, que es casi una reacción natural de resistencia, o muchÃsimo peor, que no es ni siquiera natural, sino que es una justa resistencia como producto de años de privación. Dándose por buenas o asumiéndose silenciosamente las crÃticas radicales al presidente palestino por tibio.
Si de Zapatero o de cualquier otra persona esperamos rectitud moral y coherencia porque si no nos lanzamos al cuello-especialmente lo haran los periodistas- ¿Se permite aquà la suspensión de la defensa recta de los derechos humanos porque lo de Hamas es un pecado de nada y nosotros estarÃamos dispuestos a ir más allá si nos pasara lo mismo?
Claro, esta moral, digamos moral del guerrillero romántico de izquierdas, donde la resistencia armada de una comunidad es justificable, produce ciertos problemas entre nuestras intuiciones e ideas propias de europeos hijos de la Ilustración. Primero porque nos desarma cualquier razón: si justificamos o comprendemos la violencia armada por la magnitud de las injusticias sufridas, Israel siempre puede decir algo que es una verdad indudable: es un pueblo que lleva sufriendo la exclusión y persecución durante siglos, y que incluso hoy se les asocia a lo peor que podamos imaginar al hablar de derechos humanos: el sucio dinero, acusación a su vez infundada, que no conoce otra de las verdades de la historia, y es que aunque entre sus élites el conocimiento y el cultivo de la destreza profesional les llevo a estar al lado de ricos y poderosos, no todos eran ricos, banqueros o artistas, y como los, su mayorÃa sufrÃan persecuciones. Eso por no acordarnos del Holocausto.
Pero incluso si concediéramos que los derechos humanos no siempre son cosa de rectitud y de defensa numantina, dada la desproporción de la masacre, nuestras razones temblarÃan. AsÃ, repasando gran parte de las opiniones vertidas nos encontramos que se esgrime que es desproporcionado destruir un colegio de la ONU para capturar terroristas. Algo que se dice menos si quien muere como daño colateral es una de las esposas del terrorista y unos cuantos de sus hijos. Y algo que no tiene mucha importancia y ni se escribirá en el diario de turno será que el joven aprendiz de Hamas muera, siendo la única razón que estuviera cerca de esa organización por la ayuda social que le han proporcionado a su familia –algo en lo que son expertos los grupos religiosos aquà y allÃ, ayuda y captación- y no por cualquier motivación asesina –al fin y al cabo nunca se le concederá la presunción de inocencia y menos después de muerto, asà que nunca se sabrán sus intenciones- Este descenso es más que problemático con la defensa de los derechos humanos, dando importancia a los números y al espectáculo y no a la importancia de la vida por si misma, sea la de una persona o la de 20.
Y claro, si los europeos no podemos tener razones casi que no podemos tener nada más. Por eso cualquier cercanÃa al problema de Oriente Medio, desde nuestro asiento, siempre tiene que estar basado en un certero uso de la razón. Porque sino las respuestas son simples y llanas: ¿Dónde estaba Europa cuando los aniquilaban los nazis? ¿Qué franja o región cedió Europa a los judÃos para administrarse libremente durante los siglos que estuvieron aquÃ? ¿En España? ¿Se puede hacer proporción con los males de los pueblos si como decÃa Hannah Arendt los judÃos han sufrido el mal absoluto? ¿Cuál es la proporción del mal absoluto? ¿Acaso el sufrimiento tiene geometrÃa? ¿Existe el algebra de los derechos humanos?
Ignatius J. Reilly era un convencido defensor de la teologÃa y de la geometrÃa
Ésta pendiente resbaladiza aparece cuando se deja uno llevar por la reacción o por cierta condescendencia a la guerrilla o pierde de vista que Israel está en muchos puntos de mira exclusivamente por motivos religiosos, y es el punto débil de cualquier opción progresista. Bien que lo saben los conservadores y derechistas de todo el mundo, y bien que intentarán tirar de este contrargumento incluso si no hemos justificado el lanzamiento de misiles o la intifada o la yihad que toque en ese momento. Frente a lo cual tenemos que ser cuidadosos.
Es por esto por lo que yo no puedo estar con las posturas basadas en la falta de proporción, en la lógica de los estados, en la historia de los agravios de unos pueblos y otros o en la de la resistencia. Todas ellas son meramente reactivas. Y asumirlas por parte de un europeo que desee una solución real y de acuerdo a los derechos humanos es inviable –Insisto que aquÃ, escribiendo sobre algo que me toca tan de lejos, hablo como europeo, como español, y sobre lo que podemos asumir y no asumir nosotros con respecto a nuestro objetivo como progresistas. Esto no es una crÃtica moral para palestinos, árabes o judÃos, faltarÃa más, no, es para europeos-
Resumiendo –acción tan necesario cuando se trata de algo tan espinoso y sabiendo que muchos lectores de blogs no están para grandes aventuras impresas- Sà estoy con las posturas que defienden los derechos humanos. Pero no con las de reacción asentada en la moral de la guerrilla o de la proporción, porque precisamente esa reacción anula cualquier tipo de solución o cualquier tipo de ayuda que desde Europa podamos dar efectivamente, es decir no las militares, porque no tenemos ese poder, pero sà las diplomáticas, las culturales, las basadas en el comercio y la de los derechos.
Ejemplos: Razones de derechos humanos en Escolar, sÃ. Razones de proporción en Escolar, no –porque además el artÃculo que cita es de absoluta precisión, por eso sólo puede criticar el tÃtulo o sus supuestos objetivos mientras que no puede decir nada del desarollo.
E insisto, son razones para nosotros, que tenemos que buscar soluciones, algo que dibuja muy bien Luis Solana cuando señala que la falta de proporción es algo que nos pone difÃcil defender Israel y su camino de existencia, o como dirÃa yo, nos pone difÃcil emprender iniciativas en las que puedan estar juntos los dos. Ya que las proporciones en temas de derechos humanos –frente a otro tipo de justicias, como las redistributivas- sólo crean más problemas –venganza ad infinitum- y nunca soluciones.
Qué exigir a los polÃticos europeos y a los progresistas.
Hay ocasiones en las que crÃticas tienen que ir con alternativas o no servirán de nada. Y en el caso de Palestina más aún porque ya conocemos nuestras posturas desde hace decadas. Los progresistas, o la ciudadanÃa crÃtica o como gusten de llamarse, no sólo puede pedir una parada de fuego a Israel, tiene que pedir a Europa que sea activa y ofrezca las soluciones que ella pueda dar. Como decÃamos, las diplomáticas, las culturales, las basadas en el comercio y la de los derechos. Las que conllevan largos periodos de tiempo.
Intentos que tendrán que convivir con periodos de crisis, y que por tanto tendrán que ganarse una gran confianza de las dos partes para que nunca dejen de lado –del todo- la opción Europa. Si EEUU tiene en gran parte la opción militar y poder de imprimir tanto miedo que ninguno de los dos pueda olvidarse de él, nosotros debemos presentarnos como esa esperanza real que no hay que perder de vista por calientes que estén las cosas.
La opción Europa tiene que ser un camino de sinergias entre palestinos y judÃos. Un camino de intereses y lazos compartidos que con el tiempo haga inviable atacarse unos a otros porque eso sea contraproducente para los intereses más directos y las relaciones más cercanas. Un pequeño ejemplo de esto nos lo da la orquesta de Daniel Barenboim. Un ejemplo mayor –por su carga institucional y ejemplar- lo da conceder un premio conjunto a Baremboim y a Edward Said. Y a partir de ahà podemos proponer. Como crear un instituto de la paz europeo con becas para todo tipo de estudiantes de Israel y Palestina, donde tengan que hacer algún proyecto conjuntamente aquÃ, fomentar relaciones de comercio entre palestinos y judÃos –aunque lo primero que habrÃa que hacer es acabar con el cerrojo económico que imprime Israel a cambio de ayudarles en la seguridad- Etc.
Pero la opción Europa tiene también que ganarse la confianza de ambos. Defendiendo la vida humana y los derechos por encima de todo. Aplicando una rigurosa ética con los dos y siendo coherente. En este momento condenando enérgicamente la matanza y la vÃa militar de Israel. Rechazando que el Holocausto nos inhabilite moralmente o polÃticamente. No olvidándonos de Palestina cuando no sale en la tele. Apoyando humanitariamente y diplomáticamente a su pueblo. Diferenciando un orientalismo mirado objetivamente junto a su potencia cultural, diferenciándolo del fundamentalismo religioso. Denunciando el racismo, la falta de oportunidades y los prejuicios, pero también no mirando para otro lado, por miedo o por frescura multicultural, cuando veamos ramalazos de fanatismo religioso, de sometimiento de las mujeres, de rechazo de la libertad de expresión –que aquà nos entro el miedo con algo que le permitimos a Leo Bassi, y me parece muy bien, pero no a los dibujantes de Mahoma. O como cuando fuimos a corregir a la ministra de Igualdad tras decir algo que cualquiera sabe, y es que las religiones sobre todo lo que hacen es someter a las mujeres, aunque sea disfrazándolo de cultura-
Pero también siendo coherentes con el derecho a la vida de los ciudadanos israelÃs. Apoyándoles en sus conflictos con lÃderes que niegan el Holocausto y el derecho de Israel a existir como estado. No mirando para otro lado cuando ese mismo lÃder aparece en un canal de televisión europeo para felicitar las navidades. Entendiendo que no es cómodo vivir bajo la amenaza de un terrorismo que puede venir de cualquier sitio. No tontear con estados que llaman a su particular guerra santa con Israel. No comprender que en una pancarta de una manifestación en Madrid pongan una estrella de David junto a simbologÃa nazi cuando se supone que se pide la defensa de los derechos humanos. No justificar ni comprender por proporción ni por nostalgia -cinematográfica- la guerrilla, ninguna empresa terrorista. Etc.
Es un camino difÃcil y más cuando uno ve ciertas imágenes de los dos lados. Pero es el único razonable que puede andar Europa frente a EEUU y que puede crear un progresista frente a la fuerza de la reacción.
PS: Queda pendiente un artÃculo sobre El Choque de Civilizaciones en prietistas, ahora que murió Huntington hace unos dÃas. Es un autor imprescindible para entender la polÃtica exterior norteamericana. A ver si un dÃa de estos vuelve a nevar, Madrid colapsa -reduciendo un 0,001% su productividad tÃpica de un viernes- y me libro de las obligaciones laborales para escribir sobre el Choque.
PS2: Al final, la lucha entre el Choque de Civilizaciones la Alianza de Civilizaciones es la lucha entre lo teológico y la moral de grupo frente a lo razonable y la ética universal –aplicada siempre, no cuando interesa- Elijan.