¿Quién se queda arriba y quién se queda abajo? Un cerebro electrónico lo decidirá.
Un cerebro electrónico con núcleos en paralelo sería el único capaz de conseguir que el procesamiento multilateral sea tan rápido como el unilateral. Pero de momento no lo tenemos. Eso o que la Play3 no tiene quien la desarrolle.
No cabe la reacción.
No es tolerable que la ONU sea un juguete según la circunstancias. Mal estaba el menosprecio que sufría a manos del trío de las Azores, por incapaz de resolver ¡ya! el terrorismo internacional –o lo que se le avecina a Europa en una década por su falta de petróleo y gas- Mal está ahora el desdén que recibe la ONU por quienes entienden que debería ser capaz de parar ¡ya! lo que pasa en Gaza.
Sólo si no se piensa demasiado rápido, uno puede esperar que la ONU –el consenso internacional entre los derechos humanos y los intereses de cada estado- sea capaz de hacer lo que está al alcance de un ejército en ofensiva o de una mente como la del Dr. Strangelove. Y por suerte no lo es. Por mucho que nos pese, el multilateralismo es lento, necesita de consenso y de certezas comunes. Ya sea para liberar –atacar- un país con bases terroristas, ya sea para confirmar la existencia o la ausencia de armas de destrucción masiva, ya sea para conseguir el fin del conflicto Israel-Palestina.
Que no acabe ¡ya! con el terrorismo o con los conflictos militares, no debería ser motivo para que conservadores o progresistas demócratas desprecien a la ONU. A no ser que piensen que en este mundo es mejor deshacerse de ese obstáculo con sede en New York, para que así, sus acciones unilaterales –movidas por prístinas convicciones morales- puedan concluir rápidamente en victoria, ya sea a través de la fuerza del más fuerte ya sea por el alzamiento mundial de los pueblos oprimidos.
Además no se le puede exigir a la ONU o a la UE ahora lo que no se le ha permitido antes. Es una pena que los políticos españoles que forman parte de estos organismos, tengan muy poca relevancia en sus partidos o en la opinión pública. Porque entre otras cosas, para que la ONU o la UE fuesen un poco más fuertes necesitarían más políticos que con cierta autonomía respecto de quienes les mandan allí, sean capaces de influir en la opinión pública o de tomar decisiones. Así su fortaleza les permitiría negociar más rápidamente acuerdos, y su proyección pública les permitiría explicar cosas que sólo llegan de vez en cuando en la ola informativa de turno. Para lo cual, aquí en vez de exigir a los políticos de allí, lo que deberíamos hacer es potenciarlos.
¿Medidas duras sí o no? ¿Hard-power o soft-power?
Si queremos adoptar medidas pacíficas, sin víctimas ni “daños colaterales”, no cabe exigir soluciones inmediatas a la UE o a la ONU en este conflicto porque son imposibles para lo que representan –a no ser que uno piense, como Cayo Lara, que expulsar al embajador israelí de España vaya a salvar una sola vida palestina; ya hay que tener imaginación-
La ONU y la UE son caminos de largo recorrido. Así es el multilateralismo. Exige ver el conflicto desde todas sus perspectivas para luego actuar estratégicamente en una solución compartida. Es algo lento cuando los conflictos son complejos.
La ONU va despacio y las verdades unilaterales van deprisa.
Igual que Bush, no ha acabado con el terrorismo internacional, más bien les ha proporcionado más caldo de cultivo, los progresistas no podemos pedir el fin de la violencia reclamando medidas duras menospreciando a la ONU y a la UE, o poniéndonos frente a Israel sin más matices, porque lo que conseguiremos es que Israel entienda que sólo de él depende su supervivencia, reforzando sus posturas militares. La reacción lleva a lo contrario.
PS2: Luis Solana ofrece una solución: asegurar que la creación de una Palestina libre no sea lo que los israelís temen: la puerta de atrás de las estrategias militares del resto de países de la región. Igual que el resto de los países temen que Israel sea la puerta de atrás de las conquistas orientales de EEUU. De ahí que el multilateralismo y UE sean tan necesarios.
PS3: Nos equivocamos si exigimos que nuestro gobierno se embarque en una aventura casi solitaria con este conflicto. Nosotros solos no lo vamos a salvar ni una solo vida –por eso hicimos bien en salir de Irak-
Ya saben el canon progresista -del que forma parte-
a) Derecho del estado israelí a defender su población y b) defensa siempre respetando lo más parecido a los derechos humanos en esta situación: las leyes internacionales.
Y el canon conservador:
a) y siempre a) mirar para otro lado, o quizás dar la razón sin mucha efusividad manteniendo las formas, porque los árabes les causan cierta desconfianza.
Como el canon progresista, dicho sólo así, me lo creo y más con lo que estamos viendo esto días, participaré en la manifestación del domingo. Pero, como para mi ese canon necesita de matices y de compromisos de verdad, por lo menos me desahogaré aquí, ya que tampoco estoy de acuerdo con las bienintencionadas reacciones –porque como toda reacción, engendran a su contrario-
Derechos humanos.
Las cuestiones de derechos humanos, especialmente las que tienen que ver con la muerte de civiles –es decir, aquellos que no están entregados a ninguna acción directa de matar a nadie- la doy por fundamentales aquí. No sólo por seguir el precepto aquel de tratar a todos las personas como fines en sí mismos, sino también porque no acepto que matando al enemigo se proteja a los nuestros; porque cuando se produce la encrucijada –virtual- de decidir que vidas humanas son más importantes para salvar y cuáles tienes que perecer con tal fin, ellos o nosotros, siempre podemos tener una razón precisa en contra: no existe solución diplomática o militar en la historia de la humanidad que diga que la muerte de inocentes que acarreó, fue absolutamente necesaria para solventar el problema anterior. Ningún conflicto solucionó un múltiplo de 100 muertes a cambio de perder un múltiplo de 10 en una guerra. Más bien al contrario, las guerras producen que donde antes se perdían 1, durante y después del conflicto se pierden 1000 o 10.000 o 100.000 o más. ¿Y si me equivoco mándenme el ejemplo por favor?
[Por lo demás esta es la razón que ha dado Zapatero, siempre muy preciso en estas cuestiones. Aunque no esté muy de acuerdo en algunas cuestiones de política internacional ni en alguna manera de defender la Alianza de Civilizaciones –demasiado bienintencionadamente- está claro que Zapatero es el único líder de un estado occidental que sigue utilizando la ética en política internacional en temas complicados. A pesar del coste que tiene en nuestro mundo el uso de la ética.]
Los problemas aparecen cuando vamos más allá de esta defensa de los derechos humanos. Y me refiero con problemas al hecho de que teniendo un presidente con una buena referencia ética y un país con lazos importantes con las dos partes, somos incapaces de aportar a una futura solución. Simplemente en el colmo de la ingenuidad pedimos el estado palestino ya, la seguridad israelí y la concordia de los pueblos, cuando eso es precisamente a lo que deberíamos aportar mojándonos y no exigirlo desde nuestra cómoda posición como si fuésemos jueces.
Si nos preguntamos ¿Qué hacer y no qué exigir? Nos encogemos de hombros no ¿Por qué? ¿Es un problema irresoluble? ¿No hay naciones que hayan superado enfrentamientos con componentes religiosos? ¿O por el miedo por la seguridad nacional en el que buscar el futuro de Israel? ¿No hay pueblos que hayan superado la miseria hasta crear ejemplos de prosperidad en los que mirar el futuro de Palestina? ¿Acaso el respeto de los derechos humanos para minorías no es un logro posible? ¿Qué Israel tenga un 20% de árabes viviendo en su interior no debería ser un indicador desde el que trabajar?
Pero no, exigimos y nos dejamos muchas veces llevar por las reacciones.
Contra las reacciones.
El peor enemigo de los derechos humanos es la instintiva reacción humana. Nuestros sentimientos y nuestra cultura nos dan elementos para defender los derechos humanos y también proporcionan lo necesario para ir contra ellos. Entender esto –y estudiarlo- es básico a la hora de arreglar enfrentamientos y debería ser un faro encendido cada vez que tratamos guerras o conflictos.
Podríamos arriesgarnos a decir que la mayoría de las personas tienen cierto sentimiento de empatía con los demás –sabiendo que esto va por grados, y que incluso aquí existe el cero absoluto entre algunos homo sapiens con los que convivimos-
También podríamos decir que muchas de las culturas y las civilizaciones tienen teorías sobre el respeto a la vida humana –aunque también por grados donde de nuevo existe su cero absoluto: señalando como inhumanos a los de la tribu que se tiene enfrente desde tiempos atávicos-
Pues bien, estos sentimientos de afinidad y estas normas morales o sociales que son un anticipo de los derechos humanos, son completamente suspendidos cuando entra en escena la reacción. El sentirse víctima, ya sea por algo hecho en contra de nuestra integridad o intereses, o en contra de aquellos con los que compartimos identidad u objetivos, puede bloquear cualquier lazo de afinidad, respeto a los derechos o el respeto a la vida del que tengamos en frente. Y no sólo esa reacción es una barrera, sino que pone en marcha lo contrario, el ataque.
Esto es algo instintivo, primario, consustancial a todo hombre. Por eso, cumplir con los preceptos morales kantianos es el mayor esfuerzo vital que puede realizar una persona. El tratar a los demás como fines en sí mismos y no como medios. Y lo que es más complejo aún: averiguar cómo implementar esa norma abstracta en cada cambiante e imprevisible situación concreta.
¿Por qué esta propedéutica filosófica?
Muy sencillo, parte de la defensa de los derechos de los palestinos que practicamos los televidentes europeos, tiene que ver con nuestros sentimientos de empatía y nuestras ideas morales; pero también parte de nuestra defensa es reacción y deberíamos ser capaces de eliminar este componente o almenos controlarlo, porque como dijimos al principio, la reacción da a luz lo contrario de la causa por la que se trabaja. O peor, da la razón a los que defienden las acciones militares y el conflicto armado sin fin.
Así una de las cosas que llevo escuchando estos días en la radio y leyendo por internet, es que cuatro misiles lanzados por Hamas son un pequeño pecado. O peor, que es casi una reacción natural de resistencia, o muchísimo peor, que no es ni siquiera natural, sino que es una justa resistencia como producto de años de privación. Dándose por buenas o asumiéndose silenciosamente las críticas radicales al presidente palestino por tibio.
Si de Zapatero o de cualquier otra persona esperamos rectitud moral y coherencia porque si no nos lanzamos al cuello-especialmente lo haran los periodistas- ¿Se permite aquí la suspensión de la defensa recta de los derechos humanos porque lo de Hamas es un pecado de nada y nosotros estaríamos dispuestos a ir más allá si nos pasara lo mismo?
Claro, esta moral, digamos moral del guerrillero romántico de izquierdas, donde la resistencia armada de una comunidad es justificable, produce ciertos problemas entre nuestras intuiciones e ideas propias de europeos hijos de la Ilustración. Primero porque nos desarma cualquier razón: si justificamos o comprendemos la violencia armada por la magnitud de las injusticias sufridas, Israel siempre puede decir algo que es una verdad indudable: es un pueblo que lleva sufriendo la exclusión y persecución durante siglos, y que incluso hoy se les asocia a lo peor que podamos imaginar al hablar de derechos humanos: el sucio dinero, acusación a su vez infundada, que no conoce otra de las verdades de la historia, y es que aunque entre sus élites el conocimiento y el cultivo de la destreza profesional les llevo a estar al lado de ricos y poderosos, no todos eran ricos, banqueros o artistas, y como los, su mayoría sufrían persecuciones. Eso por no acordarnos del Holocausto.
Pero incluso si concediéramos que los derechos humanos no siempre son cosa de rectitud y de defensa numantina, dada la desproporción de la masacre, nuestras razones temblarían. Así, repasando gran parte de las opiniones vertidas nos encontramos que se esgrime que es desproporcionado destruir un colegio de la ONU para capturar terroristas. Algo que se dice menos si quien muere como daño colateral es una de las esposas del terrorista y unos cuantos de sus hijos. Y algo que no tiene mucha importancia y ni se escribirá en el diario de turno será que el joven aprendiz de Hamas muera, siendo la única razón que estuviera cerca de esa organización por la ayuda social que le han proporcionado a su familia –algo en lo que son expertos los grupos religiosos aquí y allí, ayuda y captación- y no por cualquier motivación asesina –al fin y al cabo nunca se le concederá la presunción de inocencia y menos después de muerto, así que nunca se sabrán sus intenciones- Este descenso es más que problemático con la defensa de los derechos humanos, dando importancia a los números y al espectáculo y no a la importancia de la vida por si misma, sea la de una persona o la de 20.
Y claro, si los europeos no podemos tener razones casi que no podemos tener nada más. Por eso cualquier cercanía al problema de Oriente Medio, desde nuestro asiento, siempre tiene que estar basado en un certero uso de la razón. Porque sino las respuestas son simples y llanas: ¿Dónde estaba Europa cuando los aniquilaban los nazis? ¿Qué franja o región cedió Europa a los judíos para administrarse libremente durante los siglos que estuvieron aquí? ¿En España? ¿Se puede hacer proporción con los males de los pueblos si como decía Hannah Arendt los judíos han sufrido el mal absoluto? ¿Cuál es la proporción del mal absoluto? ¿Acaso el sufrimiento tiene geometría? ¿Existe el algebra de los derechos humanos?
Ignatius J. Reilly era un convencido defensor de la teología y de la geometría
Ésta pendiente resbaladiza aparece cuando se deja uno llevar por la reacción o por cierta condescendencia a la guerrilla o pierde de vista que Israel está en muchos puntos de mira exclusivamente por motivos religiosos, y es el punto débil de cualquier opción progresista. Bien que lo saben los conservadores y derechistas de todo el mundo, y bien que intentarán tirar de este contrargumento incluso si no hemos justificado el lanzamiento de misiles o la intifada o la yihad que toque en ese momento. Frente a lo cual tenemos que ser cuidadosos.
Es por esto por lo que yo no puedo estar con las posturas basadas en la falta de proporción, en la lógica de los estados, en la historia de los agravios de unos pueblos y otros o en la de la resistencia. Todas ellas son meramente reactivas. Y asumirlas por parte de un europeo que desee una solución real y de acuerdo a los derechos humanos es inviable –Insisto que aquí, escribiendo sobre algo que me toca tan de lejos, hablo como europeo, como español, y sobre lo que podemos asumir y no asumir nosotros con respecto a nuestro objetivo como progresistas. Esto no es una crítica moral para palestinos, árabes o judíos, faltaría más, no, es para europeos-
Resumiendo –acción tan necesario cuando se trata de algo tan espinoso y sabiendo que muchos lectores de blogs no están para grandes aventuras impresas- Sí estoy con las posturas que defienden los derechos humanos. Pero no con las de reacción asentada en la moral de la guerrilla o de la proporción, porque precisamente esa reacción anula cualquier tipo de solución o cualquier tipo de ayuda que desde Europa podamos dar efectivamente, es decir no las militares, porque no tenemos ese poder, pero sí las diplomáticas, las culturales, las basadas en el comercio y la de los derechos.
Ejemplos: Razones de derechos humanos en Escolar, sí. Razones de proporción en Escolar, no –porque además el artículo que cita es de absoluta precisión, por eso sólo puede criticar el título o sus supuestos objetivos mientras que no puede decir nada del desarollo.
E insisto, son razones para nosotros, que tenemos que buscar soluciones, algo que dibuja muy bien Luis Solana cuando señala que la falta de proporción es algo que nos pone difícil defender Israel y su camino de existencia, o como diría yo, nos pone difícil emprender iniciativas en las que puedan estar juntos los dos. Ya que las proporciones en temas de derechos humanos –frente a otro tipo de justicias, como las redistributivas- sólo crean más problemas –venganza ad infinitum- y nunca soluciones.
Qué exigir a los políticos europeos y a los progresistas.
Hay ocasiones en las que críticas tienen que ir con alternativas o no servirán de nada. Y en el caso de Palestina más aún porque ya conocemos nuestras posturas desde hace decadas. Los progresistas, o la ciudadanía crítica o como gusten de llamarse, no sólo puede pedir una parada de fuego a Israel, tiene que pedir a Europa que sea activa y ofrezca las soluciones que ella pueda dar. Como decíamos, las diplomáticas, las culturales, las basadas en el comercio y la de los derechos. Las que conllevan largos periodos de tiempo.
Intentos que tendrán que convivir con periodos de crisis, y que por tanto tendrán que ganarse una gran confianza de las dos partes para que nunca dejen de lado –del todo- la opción Europa. Si EEUU tiene en gran parte la opción militar y poder de imprimir tanto miedo que ninguno de los dos pueda olvidarse de él, nosotros debemos presentarnos como esa esperanza real que no hay que perder de vista por calientes que estén las cosas.
La opción Europa tiene que ser un camino de sinergias entre palestinos y judíos. Un camino de intereses y lazos compartidos que con el tiempo haga inviable atacarse unos a otros porque eso sea contraproducente para los intereses más directos y las relaciones más cercanas. Un pequeño ejemplo de esto nos lo da la orquesta de Daniel Barenboim. Un ejemplo mayor –por su carga institucional y ejemplar- lo da conceder un premio conjunto a Baremboim y a Edward Said. Y a partir de ahí podemos proponer. Como crear un instituto de la paz europeo con becas para todo tipo de estudiantes de Israel y Palestina, donde tengan que hacer algún proyecto conjuntamente aquí, fomentar relaciones de comercio entre palestinos y judíos –aunque lo primero que habría que hacer es acabar con el cerrojo económico que imprime Israel a cambio de ayudarles en la seguridad- Etc.
Pero la opción Europa tiene también que ganarse la confianza de ambos. Defendiendo la vida humana y los derechos por encima de todo. Aplicando una rigurosa ética con los dos y siendo coherente. En este momento condenando enérgicamente la matanza y la vía militar de Israel. Rechazando que el Holocausto nos inhabilite moralmente o políticamente. No olvidándonos de Palestina cuando no sale en la tele. Apoyando humanitariamente y diplomáticamente a su pueblo. Diferenciando un orientalismo mirado objetivamente junto a su potencia cultural, diferenciándolo del fundamentalismo religioso. Denunciando el racismo, la falta de oportunidades y los prejuicios, pero también no mirando para otro lado, por miedo o por frescura multicultural, cuando veamos ramalazos de fanatismo religioso, de sometimiento de las mujeres, de rechazo de la libertad de expresión –que aquí nos entro el miedo con algo que le permitimos a Leo Bassi, y me parece muy bien, pero no a los dibujantes de Mahoma. O como cuando fuimos a corregir a la ministra de Igualdad tras decir algo que cualquiera sabe, y es que las religiones sobre todo lo que hacen es someter a las mujeres, aunque sea disfrazándolo de cultura-
Pero también siendo coherentes con el derecho a la vida de los ciudadanos israelís. Apoyándoles en sus conflictos con líderes que niegan el Holocausto y el derecho de Israel a existir como estado. No mirando para otro lado cuando ese mismo líder aparece en un canal de televisión europeo para felicitar las navidades. Entendiendo que no es cómodo vivir bajo la amenaza de un terrorismo que puede venir de cualquier sitio. No tontear con estados que llaman a su particular guerra santa con Israel. No comprender que en una pancarta de una manifestación en Madrid pongan una estrella de David junto a simbología nazi cuando se supone que se pide la defensa de los derechos humanos. No justificar ni comprender por proporción ni por nostalgia -cinematográfica- la guerrilla, ninguna empresa terrorista. Etc.
Es un camino difícil y más cuando uno ve ciertas imágenes de los dos lados. Pero es el único razonable que puede andar Europa frente a EEUU y que puede crear un progresista frente a la fuerza de la reacción.
PS: Queda pendiente un artículo sobre El Choque de Civilizaciones en prietistas, ahora que murió Huntington hace unos días. Es un autor imprescindible para entender la política exterior norteamericana. A ver si un día de estos vuelve a nevar, Madrid colapsa -reduciendo un 0,001% su productividad típica de un viernes- y me libro de las obligaciones laborales para escribir sobre el Choque.
PS2: Al final, la lucha entre el Choque de Civilizaciones la Alianza de Civilizaciones es la lucha entre lo teológico y la moral de grupo frente a lo razonable y la ética universal –aplicada siempre, no cuando interesa- Elijan.
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