Nosotros y la inmigración

January 31st, 2010 § 0

Otra forma de ver el asunto de la inmigración es el de la propia exigencia moral del autóctono -o el inmigrante acomodado- Que al fin y al cabo, también aspira a tener una moral universalmente valida y unos ideales no demasiado quebrantados.

Dos formas de verlo:

El artículo de Torrés Mora: A quien corresponda. Que nos pone a los españoles ante nuestro pasado inmigrante y a la europeización que supuso para los obreros que fueron y luego volvieron demandando democracia.

El artículo de Arcadi Espada. Que señala la otra cara de la moneda que tiene el exigir el fin de la inmigración. Que no es otra que desear o exigir, que los países pobres sean una suerte de Cuba o dictadura comunista, donde nadie pueda escapar a no ser que sea con el beneplácito del estado. ¿Es ese el orden internacional que esperamos? ¿Estaríamos legitimando esos atropellos?

Visto esto, por lo menos hay tres momentos mentales: Cuando uno mira sus intereses -que según el día será bueno o malo para la inmigración-, cuando uno mira sus miedos y su identidad, y cuando uno se mira al espejo.

La palabra xenofobia y la palabra inmigración

January 25th, 2010 § 0

La guerra de palabras, solo basta con hablar.

Está claro que hay que llamar a las cosas por su nombre. Y más claro aún que la indiferencia o querer vivir siempre en aguas templadas no resuelven los problemas, sino que los acrecienta.

Pero las palabras no son ni el sonido ni la grafía que señalan un objeto concreto o su verdad. Ya saben, forman parte de un sistema de significados, formas, prácticas, etc. Las palabras no son señales sino puntos en universos de sentidos. Que no es que vivan por su cuenta, pero tampoco tienen una correspondencia exacta con la realidad. Por eso el lenguaje natural se presta más a las confusiones y a los conflictos que a la ciencia, que tuvo que buscar su gloria en los lenguajes formales y en expulsar a los filósofos -que tantas palabras usaban- de su reino.

Cuando se critican las prácticas del empadronamiento en Torrejón de Ardoz, no me gusta utilizar demasiado la palabra xenofobia. Y no porque no cumpla con sus características, sino porque utilizarla también implica cosas. Xenofobia también sería una expulsión indiscriminada de todo lo que sea extranjero. Detenciones. Humillaciones institucionalizadas. Persecución social. Violencia. Usarla en exceso sin que los ciudadanos estén dentro del debate ni vean los casos reales y sus implicaciones a largo plazo, puede tener un efecto perverso, a saber, que la xenofobia no parezca tan mala. Que cualquiera acepte ser un racista. Qué bien, no lo va a ir a decir a la tele ni a publicarlo en su facebook, pero que le va a parecer un criterio perfectamente válido para dar su voto.

Lo de Torrejón es una cuestión que no se describe con una única palabra y menos es algo que se arregle con ella. Ni la solución es la palabra xenofobia -para quienes criticamos al ayuntamiento- ni la solución es la palabra inmigración para quienes creen que esta es el origen de todos los males.

Antes decíamos que no había que tener miedo a los tabús, y ahora decimos que tampoco hay que quedarse en los eslóganes hechos con las palabras prohibidas. Ni hay que ser víctimas de lo políticamente correcto, ni presas del lenguaje más reactivo. Nos queda tiempo y mucho para salir de la crisis del paro y ahora más que nunca toca hablar de convivencia. Porque cuando hay escasez -y mal repartida- es cuando más se puede deteriorar.

En el Giro de Torrejón hemos publicado una entrada sobre el tema. Con las noticias, un manifiesto en contra que se está promoviendo y la postura oficial recogida en otros tantos medios.

San Canuto sin empadronar

January 22nd, 2010 § 1

Siempre es más fácil pedir que trabajar (…) Es más simple delegar que afrontar la responsabilidad

Efecto, acción, reacción. Pierde la inocencia, pierde la paciencia. Lo sustituye por intolerancia. Es el problema en esencia. (…) Gana el sitio la derecha y la ignorancia.

Mientras hacia la carrera allí -y no se sabe cuántas cosas más sin sentido- San Canuto siempre me pareció una tontería y una guarrada. He visto a gente echar la pota en la entrada de la facultad de filosofía sin que fuera un ritual griego de purificación. He visto la parada del tren que sólo le faltaba estar ardiendo, y no exagero, porque a base de inundar el suelo durante horas con el calimocho, aquello era infranqueable. He visto desde T.I. hasta la salida -todo lo largo de la universidad-, como la mierda se acumulaba sin fin en el césped, dejando ver una estampa bastante asquerosa cuando ya todo el mundo se había ido. Incluso un profe mío me contó que un año llegaron a asar sardinas dentro de la facultad porque estaba lloviendo fuera. Y luego alguno se preguntaba porque cerraban esos sagrados espacios públicos a tan floridos visitantes -porque eran turistas del porro, no estudiantes-

Pero lo que siempre me pareció mal del todo es que la gente de la UAM lo aceptase sin más. Los estudiantes, que sólo salíamos en los medios de comunicación ese día, como una masa aborregada ahogada en la niebla de Cantoblanco. Y parecía no importarnos demasiado. Nosotros, los revolucionarios. Pero sobretodo me indignaba -bueno, indignar literariamente, como recurso ya saben, en la realidad no soy tan cursi- que el personal que llevaba allí muchos años viéndolo no dijese nada. La universidad, siempre con los bolsillos pelaos, se permitía hacer de jardín de infancia por un día para una muchedumbre que ni estudiaba ni trabajaba.

Los profesores, que se les suponía críticos e implicados con la realidad -especialmente aquellos que tenían sus chascarrillos contra una inútil clase política- no movían ni un dedo ni decían una palabra un poco más alta -al menos que llegase a la comunidad universitaria- Porque eso simplemente constituiría una molestia en su auténtica y metafísica transformación del mundo desde su despacho.

Molestia porque además suponía tocar uno de los grandes tabús de la UAM. Que era la necesidad de echar mano de la autoridad e incluso de la policía. ¡Imposible en un lugar como aquél! Dónde lo primero que te cuentan nada más llegar en que la disposición de sus pasillos responde a las antiguas necesidades tácticas de los grises franquistas entrando a caballo a por los estudiantes. Y sepan, que contra los tabús, ni los profes más contestatarios se atreven.

Hoy tengo una sensación parecida con el tema del empadronamiento. Y más siendo de Torrejón de Ardoz. Sufro las revistas municipales en silencio. Que son propaganda del PP pura y dura, que en sus columnas de presentación se dedican a atacar a la oposición como antiespañolistas y en sus portadas a hacer de la inmigración el enemigo que les de un sentido narrativo. Pero eso a mucha gente les da igual porque hay conciertos gratis y arte kitsch. Y un enemigo común.

Así que no pasa nada. Nuestro Alcalde seguirá incumpliendo la ley al no empadronar a los inmigrantes. Y seguirá impidiendo que los inmigrantes cumplan con la ley al impedirles su obligación de empadronarse. Le dará igual que en su día Güemes pidiese medio millón de inmigrantes más para Madrid -quizás se los quería llevar a Pozuelo y no a Torrejón-, que Rajoy como ministro aprobase la ley actual, o que su campaña tuviese incluso en el último día folletos escritos en diferentes lenguas. Le dará igual, porque esto le da votos. Es tan triste como eso.

Denunciarlo está bien. Es muy necesario. Hay gente en Torrejón que quiere hacerlo públicamente y lo va a hacer, llevarlo al pleno, etc. Y me parece lo mínimo. Pero no será suficiente para romper con las tabúes que conlleva la inmigración, tanto para los autóctonos como para los extranjeros, que necesitan todos ellos mucha práctica y costumbre para derrumbar finalmente sus falsos ídolos. Todos los roces que hay de un lado y otro, se deben a que no hay ni razones conjuntas ni espacios comunes. Ni siquiera cuando nos intentamos poner más multiculturales lo conseguimos, porque en vez de integrar lo que hacemos es trazar límites: yo no me meto ahí si tú no te metes aquí. Límites que la mayoría de las veces los levantamos sobre la religión y los ponemos bajo el recaudo de líderes que no han salido de ninguna urna, para que sean más difíciles de derribar. Y además nos ponemos a pensar desde una perspectiva irreal, desde un punto de vista grupal. Nosotros los españoles, nosotros los extranjeros. Esos que nunca somos salvo cuando tenemos a los otros en frente.

Autóctonos -que palabra, somos como flora y la fauna- y extranjeros deberíamos aprender, mejor deberíamos tener la obligación, de hacer cosas en común que sirvan para resolver conjuntamente los problemas que adjudicamos a los de enfrente. Si creemos que hay un problema de convivencia, tranquilidad, inseguridad y orden ciudadano -achacado a los inmigrantes- y si creemos que hay una cultura general de discriminación, minusvaloración, desprecio y recorte de derechos -asociado a los españoles- pues podríamos ponernos manos a la obra. Quizás fuese bueno construir en las ciudades un estatuto general de convivencia, con un buen debate previo, donde se recojan desde las normas contra el ruido o hacinamiento hasta el trato respetuoso y amable que se tiene que dar a cualquier paciente en un centro de salud. Posiblemente empezaremos a darnos cuenta de un hecho tan obvio, como que muchos españoles y extranjeros tienen más que ver entré sí, que con otros españoles y extranjeros que contribuyen con su falta de civismo a que generalicemos. Y comenzaremos a no defender sus posturas porque sean de los nuestros. Nos daremos cuenta de que la inseguridad es un problema para los dos por igual, y también que los dos podemos ser igual de incívicos y que necesitamos normas que nos encaucen.

Contra el racismo y contra la inseguridad sólo se va a través de una mezcla. Aunque me temo que terminaremos o separados por barrios como en Inglaterra, o como en Francia, con una clase media viviendo el mejor de los estados del bienestar, tan cómoda y blanditamente, que incluso algunos de ellos asustados votan a la extrema derecha como guardián de sus libertades, y con una clase más oscura, que privada del derecho al estado, termina produciendo algún grupo de jóvenes que piensan que quemar coches es un acto subversivo.

En España seguirán pensando muchos españoles, que ellos que encima que acogen obtienen una mala respuesta cuando ellos inmigraron y se adaptaron, y muchos inmigrantes seguirán pensando que los españoles, que en su día fueron inmigrantes y bien recibidos, ahora se comportan intolerablemente cuando ya no necesitan a los inmigrantes para ganar tanto dinero como antaño. Y quedándonos en eso, en nuestros tabúes, así nos irá.

PS: No todos los profesores y estudiantes eran unos pasotas. Tenía uno, quizás el más inteligente y abstracto de todos, precisamente el más abstracto y puramente formal, que cansado decidió, como me dijo un día meterse a política, es decir a decano.

PS2: Y no estoy hablando de Gabilondo, que ya lo había sido.

PS3: Bueno, no quiero ser pesimista, espero que Torrejón con estos azuzamientos no acabe siendo lo que no es ni ha sido hasta ahora. Confío en que terminemos siendo más inteligentes que los parisinos y que los londinenses. Todo un reto eh.

PS4: El mejor retrato del problema político de la inmigración es sólo un regalo para frikis: la segunda temporada de la serie de Ghost in the Shell. Goda, con su manejo de la acción-reacción es la mejor representación del que será el principal reto de Europa dentro de unos cuantos años.

PS5: Igual que las hipotecas unen matrimonios, el sistema de pensiones nos unirá a todos. Su forma piramidal será el símbolo de necesidad mutua de las diferentes razas. :-)

Escribo en: El Giro de Torrejón

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