Es verdad que alguien de la mafia te puede invitar a comer sin que se cometa delito. Pero todos sabemos que la mafia ni invita gratis, ni invita a cualquiera. A no ser que sean de tu familia o tus amigos. Excepciones, que si se dieran con un cargo público, deberÃan ser motivo, para suspender esas comidas al menos durante el mandato.
Aún con todo esto volando por la actualidad, habrÃa que coger el toro por los cuernos, en vez de recomendar tilas como hace Rajoy o mostrar indignación por la postura de esos jueces como hacen otros.
Si el problema son los pliegos hechos a medida para los concursos públicos, pues que se legisle mejor, igualmente. La publicidad de las reglas, los concursantes, los agraciados, los regalos, los beneficios, etc. Recogidos en tablas, rastreables en el mercado, en hacienda, en las distintas administraciones, y a disposición de todos los ciudadanos -y especialmente de la competencia que se ha quedado fuera, que serán los que más se quejen- por internet.
Si la izquierda quiere dar un paso más y demostrar a la ciudadanÃa que no estamos un paso por delante del PP, sino dos, uno por los valores y otro por las leyes, pues a legislar y a hacer de la transparencia todo un programa polÃtico. Que la tila se la queden ellos.
De los que sólo piensan en el sillón no nos libra nada. Ni el que sean solventes más allá de la polÃtica –bueno, de estos, casi cabe esperar lo contrario, que se lo piensen dos veces antes de arrimarse a este mundo- Sólo nos protege de ellos una cosa, nuestra vigilancia más beligerante.
Pero es que además, esto de que la polÃtica es para los que pueden permitÃrselo, es un argumento reaccionario con solera. Recuerden aquello de que sólo está permitido que gobiernen reyes, o estamentos altos, burguesÃa o aquellos varones libres que pagan impuestos, etc. Recuerden, porque ya saben que la democracia no siempre fue universal. Y la excusa era que para participar habÃa que aportar –desde sus reglas restrictivas y no decididas entre todos aunque hechas para todos, claro está-
Como esto se sostuvo poco tiempo, se añadió la excusa que asà se evitaba que los advenedizos se acercaran sólo con el motivo de hacerse ricos. Y más tarde se le puso una tercera cláusula a esta maravillosa reacción: que la polÃtica era algo que no tenÃa que estar subvencionado por el dinero de todos sino sólo por el de los polÃticos. Ya saben, la cosa esa del liberalismo de palo y el estado mÃnimo.
Todo para que al final la polÃtica quedase en manos de los que tienen los enormes recursos que necesitan los partidos mayoritarios, las campañas electorales y la permanente actividad. Es decir, para que la polÃtica sólo fuese cosa de patriarcas y de sus grandes corporaciones.
AsÃ, aquellos que critican a los que más tienen, a las formas injustas en las que muchas veces consiguen sus riquezas o la merma de derechos que lleva consigo su agenda –que es lo que les lleva a la polÃtica- no podrán acceder nunca al gobierno a no ser que pertenezcan a la propia clase que critican. Vamos, que asà la crÃtica y la alternancia sólo es cuestión de cierta clase social, inamovible y caciquil, que se va turnando. Eso que los españoles inventamos en el S. XIX y que algunos siguen echando de menos, por lo que dejan entrever en sus argumentos.
No nos equivoquemos, la solvencia del polÃtico de izquierdas sólo tiene que ser juzgada por sus objetivos –derechos, democracia y modernización- Que sà necesitan de destreza y preparación –si es que no queremos dejar la polÃtica en manos de los funcionarios más altos o de las empresas subcontratadas- pero no de un capital inversor.
Ya saben aquello de que los socialistas están para que no existan pobres y no para hacer voto de pobreza –o peor, para hacer la pobreza igual para todos-
Lo que no significa que se pueda dar un salto para defender la validez de enriquecerse por cualquier medio mientras de paso se apoyan polÃticas de izquierdas para todos –que debe ser la excusa con la que se consuelan los corruptos de nuestro lado-
Pero que tampoco significa que se tenga que renunciar a ganar dinero por un trabajo que exige en muchos casos una larga carrera no reconocida de esfuerzos ocultos y cuando se llega, una dedicación casi exclusiva, si es que se quieren cumplir con lo prometido a los votantes y con los propios valores.
A cierta derecha reaccionaria –polÃtica y empresarial- le interesa confundir la idea de enriquecimiento por cualquier medio con la idea de que ganar dinero es bueno. Pero son dos cosas distintas. Uno puede pensar que ganar dinero no está nada mal y sin embargo puede tener una idea clara de cómo es justo ganarlo y cómo no.
El sistema, en la medida que es producto de las mentes más progresistas de la Europa moderna, deja espacio para la justicia y para que el trabajo individual redunde en el beneficio de la sociedad. Y en esa medida deberÃamos empezar a juzgar los sueldos, en función de lo que aportan a su parte del sistema –más justo- y no en función de ciertas crÃticas con aire de santurronerÃa reaccionaria.
A cierta izquierda reaccionaria –polÃtica y sindical- le interesa confundir la idea de enriquecimiento con la idea de explotación. Hace sospechosa a cualquier persona que gane más que el sueldo de un trabajador medio. Ya sea porque se esfuerza y colabora con los explotadores, ya sea porque es ella misma un potencial explotador.
A parte del sector empresarial le parece que está en guerra con el trabajador. Que lo suyo no es una colaboración, sino un choque de fuerzas y un regateo permanente siempre buscando el menor sueldo posible.
A parte de la clase trabajadora le parece que a ellos les compran –se dejan comprar a veces y otras no les queda más remedio- por tiempo y no por trabajo hecho. Y que ya que es eso, encima no van a contribuir a quienes les fuerzan a trabajar. De ahà que seamos menos productivos que la mayorÃa de paÃses ricos del planeta.
Y con estas ideas, los trabajadores están mal pagados -aunque sean de los serios y profesionales- comparados con cualquier paÃs de occidente, entendemos que los negocios son cosa de explotar, que la competencia es exclusivamente ganar unos y perder otros, que lo de producir no va con nosotros, etc. AsÃ, tenemos la crisis que tenemos y la especulación tipical spanish, ganada a pulso entre todos.
Algún dÃa entenderemos que las empresas son esenciales para el buen desarrollo de un estado, que una sociedad necesita reconocer el trabajo de los profesionales, que defender el poder adquisitivo de todos no pasa por demonizar el dinero, y que el trabajo y los negocios son gano yo y ganas tú y no una guerra.
Dando un repaso por los blogs de los polÃticos, podemos ver que Leire PajÃn ha contestado desde su espacio a la rumorologÃa electrónica puesta al servicio del difama que algo queda, tan del gusto electoral de cierto sector de la polÃtica española. Diciendo lo que gana como secretaria de organización y lo que le corresponde en concepto de compensación por haber sido secretaria de estado y tener que someterse a las normas sobre incompatibilidades de dirección en las empresas privadas. No es la primera que lo hace, pero sà que es un ejemplo para la inmensa mayorÃa de los polÃticos de España. Y abre un necesario debate sobre la transparencia que parece que va a seguir estos dÃas con el tema de las incompatibilidades de los diputados, con la trama de imputados del PP y con el ruido que trata de lanzar la prensa afÃn al PP.
Mientras que por un lado defienden un derecho atávico de exclusivo enriquecimiento y casi casi de pernada, por otro lado se dedican a difundir el espÃritu de la culpa entre todos aquellos que pretendan vivir bien con su dinero, utilizando la religión, el espÃritu de culpa con la pobreza de los demás, etc.
Y en parte funciona, porque nuestra herencia católica es dura hasta para las peores cosas. Tan es asà que seguimos dando más valor al sentimiento de culpa –del arrepentido reincidente- que al de la responsabilidad. Siempre preferimos al que se arrepiente y confiesa públicamente entre sollozos, que al que se equivoca, calla con su orgullo herido y se esfuerza en mejorar para que nadie pueda volver a tener la posibilidad de llamarle la atención. Asà somos.
Pero ya es hora de que abandonemos esa trampa de la culpabilidad y de esa falsa moral sólo aplicable a los demás. Y más cuando nos lo intentan infundir los más irresponsables y los que menos han hecho por ganar lo que tienen.
Además, el mamoncete -seguro que sabe que soy del PSOE, porque google es el mayor chivato de la Historia- hacÃa sorna: ¿A esto se referirá Pablo Casado cuando decÃa que la mayorÃa de los jóvenes ESPAÑOLES eran del PP aunque no lo supieran? Te descuidas y apareces en sus listas. Bueno, mientras sea eso, y no sea como pasaba no tan antiguamente, donde aparecÃan hasta los muertos en los censos…
Esas falsas transparencias.
Dicen los expertos de estas blogocosicas vicisitudes, que un blog es transparencia. Institucional, supongo que querrán decir. Mentira. Ni los medios de comunicación tradicionales -con infinita más fiabilidad y recursos de investigación en el mejor de los casos, y de manipulación en el peor- implican transparencia alguna en las instituciones, en la polÃtica o en las cosas de la sociedad. Un medio como mucho es fuente de pro-activa de conocimiento. Puede ser conocimiento que desvele algo chusco que no era transparente y que con su dedo indice, conviertan el asunto en noticia. Y de ahà provoquen que la ciudadanÃa o algún poder exijan que se levante la tapa. Y más tarde, con el soplo del dios progreso, se hagan transparentes esas gestiones, por ley o costumbre -tan anglosajón yo-
La transparencia está en que determinados datos sean accesibles. El poder entrar hasta la cocina. Y esa propiedad no está del lado de los agentes narradores, sino del objeto narrado. Un objeto que se deje observar hasta su núcleo, será transparente. Un objeto que sólo se deje ver en su superficie, será opaco. Y los cuenta-cuentos podrán decir del primero que es color carbón y del segundo, que refleja la luna.
PS: En el futuro la transparencia será una correspondencia entre las arquitecturas virtuales de las instituciones, y el software certificado -a lo dni electrónico- de terceros. Correspondencia que permitirá cotejar datos entre diferentes instituciones, entidades privadas y leyes de transparencia. El software -chivato- dirá si el sistema es accesible o no, y si hay o no hay corrupción. Lo siento bloggers, el futuro de la transparencia no es vuestro. Será de los cyborgmilitantes hackers.